lunes, 29 de octubre de 2007

Mapoma 2006, por Cami

Bueno, aquí estamos otra vez, dispuestos a aburrir al más pintado con una nueva crónica de nuestras correrías por Madrid, pues bien, el que quiera puede dejarlo ahora o seguir hasta el final…

En primer lugar y al revés que en las películas, primero los créditos o agradecimientos, por si alguno de los nombrados prefiere obviar el resto de la crónica:

A mi familia: De todos los agradecimientos es el primero que he puesto y el último que escribo porque no quiero ser repetitivo con los típicos tópicos, pero bueno tengo que empezar y ¿que decirle? a mi mujercita y a mis hijos (que todavía se creen que su papa gana medallas de verdad y que es el 1º de todos los Papas en todas las carreras, inocentes…), pues lo fundamental es que os quiero un montón y luego que si en algún momento habéis pensado que os dejaba un poco de lado por las carreras… pues que es verdad (jajajajajaja) bueno solo que os quiero un montón, .

A Corta: Porque el 100% del mérito de haber bajado de 3h es todo tuyo, sin ti, probablemente me habría quedado un poco en la cuesta abajo final de Alcalá (desde Ventas) y me hubiera conformado con entrar unos segundos por encima, de hecho hasta que no vi el reloj a unos 40M de la meta pensaba que me había ido unos segundos por encima. Y agradecerte que estes tan “anoréxico” como yo porque es bueno tener un “cómplice” con la misma opinión sobre el deporte, la salud, etc…

A Carca y a Ander: Porque por vuestra “culpa” estoy metido en estos líos de correr estas distancias tan largas y extenuantes, y sobre todo a Carca porque por ti empecé en esto y por ti sigo, que si no me hubiera bajado a distancias más racionales.

Al club CD Ogrove: Que habiendo sido el último en llegar, me habéis tratado como si llevará toda la vida corriendo con vosotros, y agradeceros todo lo que he disfrutado corriendo los domingos en la CdC, sobre todo en esa recta maravillosa del bosque, que no se que tiene que te lanza…, ¿verdad José?. La verdad es que siempre soñé con poder correr en una cuadra tan buena y numerosa como esta. Es una gozada ver como todos los domingos hay catorce o quince tíos que están como un reloj (y como una cabra supongo) a las 08:45 de la mañana dispuestos a meterse entre pecho y espalda una panzada de Kilómetros. Solo deciros que es una gozada!!!

En dos palabras: “Im-presionante”, el verme el día del maratón en un grupo de tanta gente, todos uniformados iguales, que sensación más buena sentirse parte de un equipazo, no se cuantos éramos, pero creo que en la foto oficial debíamos ser unos 20 corredores!!!. Por cierto a ver quien la tiene y la envía

A Luis: Porqué me ha transmitido y recordado las sensaciones que tenía yo hace años cuando disfrutaba como un enano corriendo, siempre he dicho que hay tres cosas igual (o casi) de gratificantes, una buena venta, un buen P…o y una buena carrera… y disfrutar tanto corriendo, incluso solo…es un lujo.

A los Bañón-Bañona: Por sus ánimos, su apoyo en la carrera, la logistica que aportaron, parecían José María García en sus buenos tiempos siguiendo la vuelta a España: Atención coche 1 como va la escapada, coche 2, sigue el pelotón entero?... Atención Miriam en meta, que llega Luíiiiiiiiiiiiis…
Un 10 a los dos!!!! Chapo!!!! Y luego los pobrecillos con la pedazo de jupa que se metieron se volvieron a casa en metro…

Y a Miriam: por la pedazo de comida de la pasta que organizó, no recuerdo haber comido 4 platos de pasta de una sentada en mi vida, si, Miriam fui yo el que acabe con los espaguetis, me sentía culpable tenía que confesarlo, aaahhh y otra cosa no había visto una macedonia como esa en mi vida DIOS MIO

La verdad es que por muy extenuante que sea, que lo es, pocas cosas hay parecidas a la maratón y me explico:
El compañerismo (es difícil verlo en otras situaciones de la vida), la exaltación de la amistad (ni con 20 gintonics encima…), el pre-maraton (las 2 semanas previas son de una intensidad y una emoción… ), la carrera en si (superar tanta dureza..), el post-maraton (las alegrías y los sinsabores después de tanto tiempo entrenando…); vamos que entre irme a tomar unas copas o a correr unos kilómetros, Ander lo siento, pero lo tengo clarísimo!!!

Bueno después de tanta cursilería, vamos a la carrera en si:

Esta vez es difícil expresar lo que sentí, porque fue una mezcla muy rara, por un lado se me hizo asombrosamente corta (debe ser por la liebre del mismo nombre), por otro lado iba más justito que el año pasado, pero también más entero, sobre la media me molestaban un poco los gemelos, pero luego casi la “pifio” por el cuadriceps derecho que lo llevaba a reventar…, tenía confianza, pero ciertas dudas…,

Gracias a Dios todo salio exactamente tal y como lo había imaginado en el mejor de los escenarios, controlarme por pulsaciones hasta el 34,5K y luego tirar para acercarme al globo y acabar pasándolo en la última bajada de Alcalá, después de Ventas. Increíble pero salio exacto. Mi única duda al principio era el ritmo al que podría ir al controlarme por pulsaciones, aunque la prueba que me había hecho de los primeros 5k, el martes anterior, me daban una perdida de unos 15seg en las subidas y recuperación e incluso pasarle en las bajadas….

He estado preparando la carrera 4 meses en el plano físico y durante 4 semanas el mental, todas las noches cuando me acostaba, después de dar gracias al de Arriba, repasaba y visualizaba el recorrido, además de mentalizarme de que la retirada y el muro o el hombre del mazo son un mito, que no existen, y que no eran una opción y por tanto no habría obstáculos en la carrera que me impidieran acabar bien.

He tenido muchas presiones o mejor dicho tentaciones, cuando todo el mundo me decía que intentara bajar de 3h, que saliera con Juanjo y el globo de 3H…; pero desde que me hice la prueba de esfuerzo y el médico me dijo que mi umbral eran 163P, me dejo un poco chafado, puesto que no quería entrar en fatiga hasta pasado el 34,5K y con ese umbral sabía que iba justito justito para acompañar al globo de 3h, que si todo se daba bien podría conseguirlo, pero sabiendo que hay tantos factores que influyen en la carrera..., me estuve mentalizando y de verdad que ha sido lo más difícil, para que aun sabiendo que tenía 3h en las piernas, correría sobre pulsaciones lo que me podría llevar desde arañarle algunos segundos a las 3horas como irme hasta 3:14´.

Por otro lado, el recorrido de la carrera me desmotivaba mucho y sino hubiera sido por el pedazo de grupo con el que corro, no me hubiera presentado en la salida y me hubiera reservado para intentar atacar el record de Corta de 10K y ½ maratón (aunque lo lógico es que los mantenga el porque es mucho mejor que yo… pero bueno ya veremos…)

En fin, el día de la carrera a las 06:00H en pie y como el año pasado pienso que soy el primero en levantarme y el primero en comenzar a velar armas, desayuno como me ha recomendado Luis, lo de todos los días, así que me meto bocata de atún y 2 plátanos además de 1L de agua, me visto, me pongo vaselina en las “zonas sensibles” y a esperar que venga Carca a recogerme, pero queda casi 1 hora y me pongo a escuchar la radio y a ir al baño cada dos por tres, aunque no consigo plenamente mi propósito, confío en que no me de problemas en la carrera, porque es lo único que me puede fastidiar…el haberse visto en “problemas similares” en otras carreras me hace temer siempre este pequeño inconveniente…

Esta vez he llegado a la carrera con las mejores sensaciones posibles, sin problemas musculares, creo que bastante bien de forma, lo único que no noto es esa sensación de pesadez general y en las piernas en particular, que en teoría es la mejor señal de que has llegado con las pilas cargadas a tope, pero bueno, como los pensamientos negativos no están permitidos, prefiero pensar que es que he llegado en tan buen estado que no noto ni eso, así que con toda la confianza del mundo me dispongo a salir, cuando me suena el móvil y SORPRESA, es Corta, que por fin ha contestado a los innumerables sms que le envíe el sábado pidiéndole que me acompañara y a los cuales el cabrito no contesto hasta esta mañana. Que alegría!!! Voy a tener compañero como Juanjo y José.

La verdad es que es duro correr solo, más en una maratón, y me daba un poco de miedo pensar que con la estrategia de carrera que me había montado, al ir solo, viendo el globo unos metros adelante, o bien, terminará desinflándome por intentar alcanzarle o bien me hundiera por no poder hacerlo.

Como siempre me empiezo a poner nervioso, porque se va acercando la hora y no nos hemos colocado todavía, ¿es que no se dan cuenta que es fundamental para empezar bien? y ¿para la clasificación final?, al fin y con la ayuda de José consigo que lleguemos a la 3ª ó 4ª línea (nunca había salido tan atrás), ahí empiezan las riadas de meadas, el vuelo de camisetas, los paracas, los conjuros con los amigos deseándonos suerte y sobre todo la última mentalización:
Esto es la guerra…, no hay dolor…resistir hasta el final…, solo ganas si sabes sufrir…, y como no, repase mentalmente el lema de nuestro club de origen:
“Nunca hasta aquí se vio que Españoles un pie atrás tornasen… por miedo, ni aún por hambre ni heridas que tuviesen...”

Después de esto no había narices a fallar

10,9,8,7,6,5,4,3,2,1 Pum!!! A por ellos…

Castellana para arriba y a unos metros del globo (se estira, se encoge…), ahora voy con José, ahora voy con Juanjo… recuerdo que el año pasado fui absolutamente distraído hasta el 14K, mirando a la gente, Madrid… y hago lo mismo, pienso que es fundamental empezar a meterse kilómetros sin enterarse y la mejor manera es mirar de vez en cuando las pulsaciones y el resto a contemplar a la gente, los corredores…, como el año pasado mi padre en el 3,5K, le doy la camiseta de calentamiento (pobrecillo, piensa que su hijo ha enloquecido con esto de las carreras…), en la bajada de Bravo Murillo me acerco al globo y en Guzmán el bueno me meto en el hasta más o menos Juan Bravo donde le dejo, bueno mejor dicho me deja el a mi.
Mención especial a mis suegros que con ataque de reuma fueron a verme y este año si, la cámara llevaba carrete.

Por cierto Juanjo impresionante, absolutamente constante, concentrado y muy fuerte siempre ahí con el globo, que pedazo de carrera hizo, le veía tan fuerte que me parecía yo creo que hasta más grande…!!!

Juan Bravo a tope de gente, no se me atraganta, ahora a por Principe de Vegara que lo pasamos también sin problemas más o menos con el globo.

Como no podía ser de otra manera María me había dicho que estaría a la izda y claro se puso a la dcha …, con lo que como el año pasado la vi de reojo.

En Arturo Soria, que vergüenza con Sergio!!!, yo veía un tipo, que no conocía de nada, que iba en bici a mi lado un buen rato y me miraba y me miraba, y yo pensaba que mirara este tio, será de seguridad, y me puse el dorsal para adelante (sabéis que en carrera siempre me pongo el cinturón con el dorsal para atrás que me molesta menos), y como seguía mirándome pensé a lo mejor es de los servicios médicos del maraton y piensa que voy mal…, será gili, si no levamos ni media maraton y voy fenomenal….
Hasta que ya le hice un gesto con la cabeza, así como que “que pasa” y me pregunto ¿que tal? (pensé, leche es médico seguro, a ver si me va a parar y me va a joder…) y le hice una mueca como que bien, bien; entonces me pregunto ¿Dónde va Juanjo?, con lo que ya le identifique como la persona que tomaba los tiempos en el 2X6000 y me tranquilice…

Reservándome en la subida de Arturo Soria y ya buscando a Corta, porque no recordaba bien en que kilómetro me dijo que se iba a poner…, pero al final ahí le veo cojonudo…

Y a partir de aquí me acuerdo de poco (piernas no se pero cabeza… deja mucho que desear…), me acuerdo de lanzarme (supongo) en alguna bajada en la que Eli y Juanjo me decían tranqui… que aquí es cuando te juegas el maraton…. Y luego en las subidas como me dejaban de nuevo, pero sobre todo me fui distrayendo tanto que como digo no recuerdo con detalle partes del recorrido, salvo el churrero del 35K al que salude como dijimos Luis. Los camiones de Coca Cola con grupos, unos muy buenos de percusión, con algún grupo de abuelillos que tocaban muñeiras o que se yo porque casi no se les oían.

En fin que veía como iban pasando los kilómetros y veía más cerca la posibilidad de acercarme o bajar algo de 3h, aunque se me iba cargando el cuadriceps dcho.

Luego llega el momento en que pasé a Juanjo que no recuerdo muy bien donde fue. La verdad es que esos kilómetros fueron un juego mental muy entretenido, en el cual éramos dos equipos: Juanjo y Eli y Corta y yo, y claro no podía permitir que por mi culpa mi equipo perdiera, así que pensando que le tenía que pasar, que mi equipo tenía que ganar…poco a poco fuimos acercándonos hasta que pase a Juanjo, después recuerdo pocas cosas: solo que Corta miraba de vez en cuando para detrás (supongo que para ver donde venía Juanjo) que a mi ya me daba igual que me ganará e incluso el bajar de 3h, también que como dicen que mirar para detrás es señal de que vas justito, y que aunque iba más que justito que nada, no quería dar esa sensación al “equipo contrario”, Corta que me decía se te va a escapar las tres horas por unos segundos (ya sabéis como calcula este, efectivamente llegue en 3.00.01, supongo que el llevaba el tiempo general no el neto), peo me daba igual, solo quería regular un poco porque me daba miedo que estando tan cerca y con tan buen crono, se me fuera a romper el cuadriceps y que acabará allí la carrera,
Recuerdo que también iba pensando en darle las gracias a Corta cuando se retirará (porque de verdad que se agradece un huevo!!!) y creo que se las di varias veces, seguro que pensaría este tio ya va sonado….

Y al final de repente El Retiro!!!!, que sorpresa tan agradable porque llevaba puesta la vista en unos árboles mas adelante (supongo que la entrada de la puerta de Alcalá) y la entrada en el Paseo de coches del Retiro APOTEOSICA, me parecía la entrada en el Olimpo, llena de gente aplaudiendo, el público entregado jaleandote por encima de las vallas, me pongo a correr, creo que a buen ritmo, pegado a las vallas de la izquierda para sentir el aliento del público más cerca y al final cerca de la meta, María y los niños, María me pasa a Jorge por encima de la valla y como pensaba que ya me había quedado por encima de las 3h, le cojo de la mano y comienzo a correr con el, eso si pensando, bueno ya me han fastidiado ahora en vez de por debajo de 3h y 1min haré 3h y 2 min, pero bueno estaba muy bien de todas maneras, pero según me acerco veo el crono oficial y pone 2:59:40 y sin pensármelo dos veces dejo al pobre Jorge plantado y salgo esprintado a todo lo que me dan las piernas, que por otro lado no era mucho, pensando lo consigo, lo consigo, lo consigo uuuuuuyyyyyy casi, que putada, paso por debajo del arco en 3:00:01, pero luego me acuerdo del tiempo neto con lo que puede que haya bajado unos segundillos…. Y me vuelvo a buscar a Jorge que viene corriendo como una pulguilla entre tanta gente asustado con ganas de llorar pensando el cabrito de mi padre…. me ha dejado tirado. Luego le pregunte y me dijo que lo que sintió es que no quería que la gente le mirase, le debía dar vergüenza, en fin le cojo y casi me caigo al suelo, se me tambalearon las piernas con lo que me incorporé y decidí no intentar agacharme más….

Que pena que durase tan poco la entrada en el Retiro, por volver a sentir esa sensación hasta correría otro maratón el año que viene…. Continuará III parte

Mapoma 2006, por Guillermo

Después de 4 laaaaargos meses de entrenar fuerte y luchar contra los elementos (léase lesiones del pie y haber sido estafado por un hijo de la gran puta que hace plantillas) llegó el ansiado fin de semana.
Mi planteamiento este año era sencillo; llegar, correr, triunfar y volver. En plan profesional.
Para ello había reservado billete de avión para el sábado previo por la mañana, así como una suitte con baño propio en la flamante posada “Can Carcasona”.
La posada disponía de servicio de chófer y a la hora prevista me recogían en la T4 para trasladarme a la comida de la pasta que se celebraba en casa de Luis y Miriam. Allí nos reuniríamos todos los participantes en la maratón del domingo, con sus familias, excepto la de Jordi, que optó por ir a relajarse al Parque Warner.
Después de engullir por enésima vez en la misma semana sendos platos de spaghetti, empezaron los primeros síntomas de nerviosismo en alguno de los participantes. Uno de ellos sacó la “to do list” y se dispuso ordenadamente a realizar las tareas que tocaban para esa tarde. Colocar el chip en las zapatillas, colgar el dorsal en la camiseta, y por supuesto seguir hidratándose de forma correcta.

Sobre las 19,00 horas, traslado a la posada para seguir descansando y cenar con la familia Español –Pons, previamente habiendo parado en el super más cercano a abastecernos de plátanos, Muesly y la cena, que por supuesto era pasta, esta vez tagliatelle con gulas, regadas con las mejores aguas minerales y los Aquarius a los mil gustos.
Sobre las 23,00 visionado fugaz del partido Barça – Cádiz, hasta que Samuel Etoo fallara el penalti.

Despertador a las 06,30. Ducha, y empezó el ritual que todo runner que se precie sigue al pie de la letra. Repaso de la indumentaria que utilizaría durante la carrera, como si la noche anterior no lo hubiera repasado un par de veces!! En fin, todo a punto, y en la posada, el desayuno era del tipo self service. Yogur, muesly, miel, plátano, aquarius y de postre tostada con miel. Pasó lo que tenía que pasar y que además no podía fallar. Después de tragarme esa mezcla explosiva, visita al sr. Roca, que se alargaría más de lo previsto.

07,50 horas: Recogimos a Cami en su casa y nos trasladamos a aparcar el coche en el garaje de la oficina de Luis. En el parking, últimos retoques de maquillaje. La vaselina corría que daba gusto. Unos se untaban los pies, otros las tetillas y otros…

09,00 horas: ya ubicados en la línea de salida y entre olor a sudor y linimento, observamos la habilidad de unos para miccionar dentro de una botella rodeados de diez mil tíos. Me dispuse a imitar esa rara costumbre y lo único que conseguí fueron unas gotas, ya que justo en ese momento en que piensas ‘’por fín, ya sale’’ la marea humana empujó fuerte hacía delante para colocarse en la línea de salida. Imaginaros la estampa, corriendo con la cosa dentro de una botella de plástico!!! Total, que botella al suelo, y puuummm!!! A correr, por delante 42 km’s.

L: Joder, voy muy alto de pulsaciones
G: Tranquilo, debe ser que hay un cruce entre tantos pulsímetros
L: Es que no es normal, no lo entiendo
G: Estás muy nervioso, es normal, tranquilo
Dos o tres kilómetros más adelante…
L: Este kilómetro está mal medido!
G: Debe ser tu podómetro que no mide bien, yo no me fío de estos aparatos
Estas fueron algunas de las conversaciones entre Luis y yo.
Íbamos pasando kilómetros al ritmo previsto, siempre con el preaviso de Luis (ojo subida, cuidado que vamos muy fuertes) De paso yo iba haciendo turismo por las calles de Madrid, aprovechando un paso subterráneo, primera meadita en carrera, acompañado de un tal Juan Carlos, que nos acompañó desde la salida.

Sobre el km 15 la familia de Luis, con Patricia, animando de forma espectacular.
Sobre el km 18 Adela, Susana y mi amiga Anita Carcasona, nos dan otro empujón de moral.
A partir de aquí Luis advirtió que empezaba en ese punto la maratón y dejamos de hablar para ir tirando milla tras milla. Sobre el paso por Ifema, empiezan a los primeros síntomas.
Sin dejar de correr me ponen Reflex en los gemelos, a ver si ese pinchazo se va de una vez. Luis también se queja de sus gemelos y Juan Carlos también se queja de su pierna.
Vamos apañados! Aprieto los dientes y sobre el km 31 empiezo a dejar atrás sin quererlo a Luis y Juan Carlos, aunque éste último me atrapa de nuevo, para volver a dejarlo unos metros más adelante.
A partir de ahí me doy cuenta que voy a ir solo hasta el final, si no aprietan un poco y voy tirando. Paso por el estadio de la Peineta, qué barrio más majo y que putas avenidas dónde desde la señal del último kilómetro puede divisarse el siguiente. Desalentador!
Por ahí aparece I. Bañón, al que tengo que advertir que soy yo el que está ahí. Eh!! Bañón, que soy yo!!! Me acompaña unos metros y me anima. Se queda para esperar a Luis y acompañarlo últimos km’s.
Empieza la cuenta atrás, y en una parte dónde el público deja un estrecho paso a los corredores, me entra un subidón de miedo y empiezo a apretar el ritmo. Joder, estoy más fresco que hace unos kilómetros y no sé si es el gel que me he tomado o es que la gente me pone. Me lo paso teta, los coches tocan el cláxon y muchos corredores insultan a la gorda del Hyundai rojo que no cesa de tocar la bocina. Hasta le tiran botellas de agua contra el coche. Me vuelvo a concentrar, y de repente una subida mortal de necesidad que nos lleva hasta la plaza de toros, dónde coronamos el alto de las Ventas.
Empezamos a bajar, según decían, pero mi sensación es que esa bajada no acaba de llegar. Ya no sé en qué km estamos y tengo que preguntar a otro corredor si hemos pasado el 40. La respuesta es afirmativa, por lo que pongo lo mejor de mí y me tiro en picado (por lo menos lo pienso). Por el camino saludo a un participante de Barcelona, socio de mi club de natación. Su hermano gemelo ha tirado más que él. Le adelanto y quedamos en vernos en la meta. Llega la última curva, entrada al Retiro, me da un verdadero subidón y un escalofrío me recorre el cuerpo.
Entro en la recta final buscando el ánimo de vuestras mujeres y de Cami, que doy por hecho que hace tres cuartos de hora que ha llegado. Como siempre, no veo a nadie, ni me ven. Cruzo la línea de meta con muna alegría enorme. Ha valido la pena todo el sufrimiento.

Bebo, bebo, y vuelvo a beber agua. En meta saludo a uno de los gemelos de Barcelona, pero me doy cuenta que no se trata del mismo tipo que he adelantado hace un rato. Son dos hermanos de lo más peculiar, corren con un pañuelo con la bandera americana en la cabeza y sin camiseta. ¿los visteis por allí?
Al rato llega Luis y nos reunimos con los finishers mientras tomamos unas cañas.
Joder, qué peso me he sacado de encima, de verdad os lo digo.

Dejándome ya de coñas, agradecer a todos vuestro compañerismo, empezando por Jordi, que me ha metido de alguna forma en todo este follón y en otros (léase triatlón) y que me acompaña en muchos entrenos y más competiciones, siguiendo por la familia Carcasona, que me ha acogido en su casa de forma maravillosa, continuando por Luis, que además de invitarme a comer en su casa me acompañó durante 31 km’s (la idea era ir juntos hasta el final, pero el maratón es el maratón y nunca se sabe lo que pasará al siguiente km), y finalizando por el resto de amigos, como ese Africano o Eritreo o lo que cojones sea, que se hace llamar “Cami” y que ha demostrado que es una bestia, y finalizando por Ignacio Bañón y Adela , que a pesar de no haberse inscrito en Mapoma, hicieron casi tantos kilómetros como el resto.
Eh!!! No me olvido de Ignacio Cepeda y Patricia, nuevos entre mi club de amigos.

Gracias a todos y recordad que en menos de un año, la cita es en Barcelona (4 marzo 2007)




Guillermo (03,46’,54”)
Mapoma 30 abril 2006

New York 2005, por I. Cepeda

Verrazano Narrows tembló bajo nuestros pies.
¡God bless América!; el estampido de un cañón y ya había comenzado el maratón de Nueva York : dábamos los primeros pasos para formar parte de la leyenda.

Nada hasta aquí había sido fácil.

Horas robadas al sueño los fines de semana, fiestas y verano; carreras bajo el sol abrasador de Moratalaz, paraíso del “truchilla”; momentos de soledad por las calles de Madrid y en las aburridas cintas de cualquier gimnasio; litros de helado por consumir y toneladas de pasta consumidas; algún gin-tonic de menos y muchos kilómetros de más; la comprensión de nuestras familias y el tiempo que les quitamos…todo el esfuerzo de los últimos meses se condensaba en el aire confundiéndose con la densa niebla que nos cernía y aguijoneaba nuestro espíritu y nuestros músculos para completar 42 kilómetros y 195 metros.

Nada desde aquí iba a ser fácil.

Habíamos llegado a los alrededores de Verrazano tras un imponente madrugón y la formidable cola para tomar el autobús frente a la Biblioteca Pública de la ciudad de Nueva York. Allí empezamos a comprender algo de la grandeza de esta prueba. Miles de personas de toda edad y condición, animosas, sonrientes y motivadas por los más variopintos objetivos (había un tipo disfrazado de rinoceronte, con el loable y extraño empeño de concitar la atención sobre la desaparición de dicho animal) se distribuían ordenada y tranquilamente en una cola imposible para nuestro hispánico punto de vista de las esperas multitudinarias. El ambiente era festivo y nosotros así nos lo tomábamos, algunos más que otros debido al disfraz que Alfonso y el Ayuntamiento de Madrid nos habían proporcionado.
Embarcados en los autobuses, recorrimos los kilómetros que nos separaban de la salida no sin antes exportar el noble arte del Combarro a los miles de corredores que estaban en camino y que marcaron / marcamos nuestro territorio de cara a la pared o, en el caso de las corredoras, de espaldas (¡qué fino!) a los árboles.
Llegar a nuestro destino iniciático y comenzar el cosquilleo que precede a la competición fue todo uno: una muchedumbre repartida por colores y números pululaba frenéticamente dándose friegas de linimento y ungüentos mágicos, estirando, calentando o buscando desesperadamente algún lugar donde evacuar los últimos gramos de sólido o líquido innecesario. Abandonamos a Morita a su suerte en el corral de color verde y nos fuimos a nuestro lugar azul.
El desconcierto producía la sensación de estar en el Woodstock de los “runners” (¡qué pesadilla podría ser!). Sin embargo, en un instante la masa guiaba sola y precisa hacia la salida. La costumbre de tirar sobre una valla la ropa sobrante, nos hizo desprendernos de los últimos vestigios del elegante chándal blanco y gris, regalo alfonsí-madrileño, que despertó la admiración de toda la concurrencia.
Se oía hablar en todos los idiomas, la gente se saludaba y deseaba suerte y la cadencia del movimiento se convertía en un trotecillo cochinero que nos impelía a buscar la línea de inicio. Nosotros nos apiñamos para gritar nuestro lema que nadie recordaba :todos estábamos allí, ansiosos por comenzar…Alex, concentrado y tranquilo; Alfonso, con esa guindilla que se le pone en cada salida, expansivo y animoso; Ignacio, con su gorra blanca y el aspecto de fondista polaco, siempre irónico, siempre contenido; Luis, nervioso, vital y afable, hablando con boludos y boludas; Manolo, sonriente, alegre, compañero; Maté, apacible, pero con una determinación contagiosa, también compañero. Sólo nos faltaba Morita, el cáustico y simpático “Depredador de Woodbury Commons”, que cerraría, en algún momento, la carrera.

Y el puente Verrazano tembló bajo nuestros pies.

Las gacelas desaparecieron en lontananza, quedando Manolo, Maté y yo en un grupo que nos prometíamos tranquilo.
Un extraño balanceo acompañó nuestros primeros metros: el puente nos replicaba repitiendo la liturgia de cada paso, de todas las zancadas, del peso de miles de ilusiones lanzadas a un reto sin igual.
Desde aquí mi carrera de dividió en tres etapas: la ilusión, el desengaño y la obsesión. Un tránsito físico y casi espiritual que lleva a los corredores de fondo a sentir toda una vida en cada carrera.

La primera etapa, acompañado por Manolo y Maté, contaba con toda la imaginería típica de la prueba. La primera milla de subida resultó un aperitivo ligero y daba alas a nuestra imaginación, haciéndonos creer que si aquello era una subida, Nueva York era pan comido.
Maté marcaba el ritmo con alegría y determinación, suelto, ligero, atrevido y confiado. Manolo y yo, haciendo uso de los cachivaches ultramodernos y GPS al uso, íbamos controlando el ritmo y poniendo el ancla a “Matecito Veloz”.
El espectáculo asombraba: una multitud abigarrada y colorista, confundiendo corredores y público, se retorcía por las autopistas que conducen a Brooklyn hasta desembocar en la 4ª avenida, por la que correríamos casi cinco millas. Nos reíamos, cantábamos con quien cantaba, saludábamos a irlandeses, mejicanos, daneses y asturianos y teníamos tiempo y ganas para comentar cualquier incidencia que nos llamase la atención. Al final, cuando Brooklyn dejaba de ser una avenida recta y llena de toboganes para adentrarse en los barrios multiculturales que se tropiezan entre sí y que, a través de Queens, llevan a Manhattan, vislumbramos una bandera española que nos atrajo como un imán: allí estaba lo mejor de este viaje y del maratón; un grupo de mujeres maravillosas que nos apoyaron hasta la extenuación y que desde el primer día han sabido aguantarnos para que nuestros caprichos se hicieran realidad. Esa visita era suficiente combustible para lo que aún quedaba. Gracias a todas. Muchas y emocionadas gracias.

Música caribeña, rock, folk, bandas de música; un extraño y silencioso barrio judío, barriadas negras con ese ritmo de vida meridional que tan bien conocemos los españoles, el barrio polaco, confuso y vibrante…y Pulansky Bridge.
Yo sentía que perdía vivacidad con cada paso y noté que mis pulsaciones subían bruscas. Me di cuenta que miraba al suelo muy a menudo, pregunté a Maté por sus pulsaciones, ya que sabía que el lugar donde Manolo lleva el pulsómetro no es el más adecuado para controlar el corazón, y percibí que algo no iba bien. Pasamos juntos la media donde ya iba haciendo la goma, enfilamos Pulansky que, en la distancia, me pareció un muro molesto, y dejé que se abriera la primera brecha. Alcancé a mi equipo (al que se había unido un agradable gijonés de saludable aspecto) en la bajada sólo para decirles que siguiesen a su ritmo, que yo iría al mío. Noté que la ilusión se iba rompiendo en la triste sensación de la impotencia, en el amargo vacío de la soledad del corredor de fondo.

Las calles vacías que llevan a Queensboro Bridge me vieron parar por primera vez aprovechando un avituallamiento…y a sufrir de nuevo. En el puente iba ciego, lo encontré odioso y oscuro, con gente que ya paraba por decenas y sólo las voces de dos mexicanos cantando ¡qué viva España!, me dieron aire y me regalaron una fugaz sonrisa.
1h 58m en la media, 2h 34m al salir de Queensboro y la meta inmediata de llegar a la milla 18 donde vería a nuestras chicas con las banderas. Ni la imponente visión de la gente agolpada en la Primera sirvió de consuelo. Me repetía que tenía que correr hasta las 3 horas, que para entonces ya habría pasado la milla 18 y que podría comer un plátano, algo…. Iba hambriento y acepté un plátano de una espectadora, o un niño, ya no me acuerdo. Recuerdo que lo llevé en la mano como un relevo soñando con la milla 18; una parada, un descanso para comer y sonreír con el club de fans.
Pasó la milla 18…,la 19…y nada. Me detuve para comer y volví a tomar algo en el avituallamiento de Power Gel: ¡inmenso error! Parecía que me había tragado un kilo de miel, densa, compacta…vomitiva. El kilómetro 30 me pilló andando y el Bronx vomitando: ¡pobre barrio!, si no tiene bastante con su degradación sólo faltaban mis restos.
Sin embargo el hambre y las nauseas desaparecieron, mis piernas me recordaron que existían por algunos indefinibles dolores mitigados con una pastillita de Tylenol, y me dispuse a llegar, al paso o a gatas: en el peor de los casos suponía que a una hora venía Morita y que llegaríamos juntos.
Nunca dejé de oír voces de apoyo: ¡Nacho, go!, ¡venga!, ¡España!...tenía que llegar, iba a llegar.
Trabé conocimientos con el lumpen de los “runners”, los que iban como yo, o aún peor, pues los pasaba andándo: Pablo de Pamplona, un donostiarra, dos chicas de Barbastro y Madrid, un simpático voceras que te arrastraba de la mano para detenerse en seco, agotado. Constaté que muchas veces, nuestro mayor desafío es ayudar al prójimo, echarle una mano, acompañarle hasta su meta.
Harlem, Central Park North y la Quinta, repleta de gente pero amenazante con su pendiente interminable, eran como un cronómetro que descuenta un tiempo lento y espeso. Cada metro era una meta.
La Quinta, la 86, el Met, Central Park, la milla 24 y ¡Patricia! alborozada ondeando su bandera y cubriéndome de besos: llegar ya iba a ser muy fácil.
Volví a correr. Todo era cuesta abajo. Sentía la amenaza de los calambres, pero ya todo era cuesta abajo. No me hubiese perdido este final por nada del mundo.
Central Park South, Columbus Circle, 800 metros, 400 metros, 200 metros, la meta.

Nada ha terminado, para mi comienza un nuevo maratón.

Rotterdam 2005 por Jordi

Toda la semana pensando que no podría correr, con lo que el tema nervios y mentalización, cero patatero.
El Viernes al coger el avión empiezo a pensar que al menos hasta la media aguanto y lo dejo para ir a animar a Guillermo.
El domingo me hago un "tapping" de puta madre y pienso que me tendrá que echar la Polizie para que no acabe aunque sea andando.
El día es fresco y lluvioso. Un frío soportable (con dos capas de ropa y guantes) y con una lluvia ligera y persistente (sin problemas con una gorrita=IMPRESCINDIBLE, tanto para el agua como para el sol).
El plan es salir a 5'30-5'40 de inicio a fin, siempre con la idea interior de que te quedan "reservas". Estoy seguro que con el volumen de entrenamiento tocará sufrir algo al final.
Mantengo el ritmo perfecto hasta el 35: 10k en 57', 20k en 1h53' (2º 10k en 56'), 1/2 en 1h59', 30k en 2h51' (3er 10k en 58') y 35k en 3h23'. O sea me quedan 7k y 37' para hacerlos (a algo menos de 5'30). Esto está chupado.
El tobillo se hincha, la uña del dedo gordo, muy comprimida por el "aumento" del tamaño del pie, me estaba empezando a molestar seriamente, pero eso no es problema para uno de Sant Feliu (es como uno de Bilbao, pero menos mariquita).
Pero no, ahí estaba, escondido detrás de cartel de "km. 35", como el que no quiere la cosa, con su cara risueña y su mazo detrás de la espalda. El muy cabrón espera que pases y zas¡¡, hostia que te da a traición. El hijo de puta me ha dado de pleno y no voy a poder contestarle.
El golpe es duro, se manifiesta en una necesidad imperiosa de dejar de correr, las piernas empiezan a doler como si te clavaran clavos, parece que corras encima de cristales de lo que duelen las plantas de los pies, y el cerebro empieza a mandarte mensajes negativos.
Al final 2 k combinando 100mtros andando con 500 corriendo y 55' para hacer 7,2 km. No quiero ni calcular a cómo sale eso.
Conclusiones muy particulares pero a la vez muy repetidas en el mundillo runner:
- El maratón empieza en el km 30. Hay que correr con mucha paciencia, muy reservón guardando siempre algo de fuerzas para el final, aunque te sientas muy fino, por que las vas a necesitar.
- Hay que hacer mucho volumen de entreno para no sufrir. A mi me salen 500 km desde enero (con tres semanas de parón por lesión) y una media de unos 50 semanales y sólo dos tiradas realmente largas (una de 32k y otra de 25k por montaña). Sé que es dificil con nuestro ritmo de vida laboral-familiar absorber bien (con el debido descanso) más cantidad, pero que eso conlleva pasarlo mal el día de la carrera.

Bueno, vaya ladrillo, pero resumir cuatro horas de sensaciones en unas líneas es difícil.
A Guillermo felicitarle por la carrera (se ha quedado a nada del objetivo lo que garantiza un éxito seguro en la siguiente) y por el trabajo realizado estos meses. Bienvenido al club.
A los amigos madrileños, lleváis también un buen entreno y tenéis una buena materia prima. No os quiero dar ningún consejo, pero vale la pena que saquéis vuestras propias conclusiones a las experiencias vividas por nosotros.
Correr con cabeza y a por ello, que no es tan fiero el león como lo pintan.
El club tendrá en breve nuevos miembros.

viernes, 26 de octubre de 2007

Berlin 2007 (Inaacio)

Escribo estas líneas el día después de la carrera. Tras dejar el maratón de Ámsterdam injustamente sin crónica, me animo a retomar esta bonita costumbre. Para luchar contra el olvido, y por si a alguien le interesa leer como viví el Maratón de Berlín. Bueno, y porque me lo ha pedido Adela.Llegué a este maratón con dudas. Siempre se tienen dudas, pero esta vez, más. Había caído lesionado a finales de Mayo, tras cometer la temeridad de correr por cuestas tras Morita. El talón izquierdo me tuvo parado o casi parado muchas semanas, hasta el punto de llegar a mediados de Julio con: escáner, zapatillas nuevas, plantillas nuevas, muchas sesiones de fisio y médico, en pésima forma y con el talón todavía molestándome. Estuve cerca de abandonar la idea de participar en el maratón: no estaba seguro de que me compensara el sacrificio de entrenar tanto con el riesgo de seguir lesionado, y de no llegar en un estado de forma suficiente. Pero no abandoné, y hoy me alegro por éllo. Entrené mucho en Agosto, con cierto sacrificio de las vacaciones (sobre todo porque no jugué a algunas cosas con Guillermo “por el talón”) y volví a Madrid con la sensación de haber recuperado mucho. Septiembre también fue bien. Corrí mucho, pero conservador; sin hacer series cortas, sin forzar, sin competir.Y llegamos a Berlín. Con dudas, pero llegamos. Me veía peor que en Ámsterdam, aunque con un año más corriendo a mis espaldas. No tan en forma como otros amigos (en el único entrenamiento serio, Alfonso, Alex y Luis me dieron para el pelo, ampliamente), pero yendo de menos a más. Hice mal la prueba de esfuerzo, pero muy bien las series de los últimos días. En fin, con temores y esperanzas. Como siempre, vaya.El domingo, tras desayunos variopintos y fotos a diestro y siniestro, nos encaminamos a Tiergarten Luis, Alfonso, Alex, Manolo, Nacho, Maté y yo, ataviados con nuestras mejores galas (camisetas “de asa”, ropa de tirar, gorritos, vaselinas y demás finos complementos). El día parecía bueno, aunque con nubes. Al final, fue el clima casi perfecto para correr. Temperatura suave y nublado la mayor parte del tiempo. Como siempre, nos reímos mucho en los prolegómenos. Esta vez la estrella fueron la parada técnica de Maté, (siempre rompiendo moldes y superando sus complejos, siempre dejando huella), rápidamente acompañado por Luis (eso es compañerismo), y nuestra búsqueda desesperada de Fabián entre la multitud de corredores. Si Fabián no apareció, es que es sordo, o que se avergonzó de nosotros, porque los gritos se oyeron en todo el parque.Las 9 en punto y empezamos a correr. Todo estaba perfectamente organizado. Unas 30 mil personas corriendo por la calle, y casi ningún agobio de gente. Vamos juntos Alfonso, Luis, Alex, Manolo y yo, siguiendo un plan de carrera más o menos declarado u ocultado. Yo me propongo intentar aguantar el ritmo de Luis (para hacer un poco menos de 3:30), que últimamente clava ésto de los ritmos, y ver si las pulsaciones se mantienen entre 150 y 155 hasta la media maratón. En el primer kilómetro me llevo un buen susto, pues veo que me han subido ya a 156 y me imagino en el pelotón de cola. Debe ser una interferencia, pues afortunadamente las pulsaciones bajan enseguida a un nivel normal. Alex y Manolo están con nosotros, y también Alfonso, que ha tenido un mes de Septiembre bastante malo y cuya carrera es una incógnita.Y empezamos a avanzar. Enseguida vemos a Morita y Cami en sus bicis. Sonriendo, haciendo fotos y dando ánimos, cada uno en su estilo (muy diferente, por cierto). Esto nos da una gran alegría; es un verdadero lujo contar con animadores volantes. Aunque también da pena, porque sabemos que deberían estar corriendo con nosotros. Bueno, Cami corriendo muy delante de nosotros.Pasamos el primer avituallamiento en el kilómetro 5. Como no dan las cómodas botellitas, sino vasos de plástico, es difícil no mojarse. De hecho, es un poco caótico. Pasamos Moabit y cruzamos el río Spree. Es el kilómetro 7, donde nos esperan nuestras mujeres. Hay otras banderas españolas, animando a muchos corredores españoles. Pero nuestras animadoras son las mejores: las más ruidosas, las más visibles, y las más guapas. De lejos. De lejos las vemos, chocamos manos, recibimos ánimos, y seguimos adelante, contentos y prudentes. Vamos llegando a la zona de Friedrishain y Alexanderplatz. La arquitectura comunista lo delata. Seguimos los 5. Las avenidas son muy amplias, se corre muy bien. Las pulsaciones están muy controladas (148). EL ritmo es razonable (4:56 aproximadamente). “¡Chicos, vamos muy rápido!”, Luis nos impide que perdamos la cabeza. Yo para no ser sospechoso de romper el grupo, voy un metro o dos por detrás.En el segundo avituallamiento meto la pata. Intento salvar las aglomeraciones en las primeras mesas, yendo directamente a las últimas. Pero en las últimas no hay agua, sino fruta. Me he quedado sin beber. Vale, estratega, Intento no darle importancia. Se que a partir de ahí hay agua cada 3 kilómetros. Bebo en la siguiente y seguro que no pasa nada. Eso espero.Estamos corriendo junto con un globo de 3:30, de los que ayudan a seguir el ritmo (aunque Luis, como un reloj, oye). Pero de pronto Alfonso dice “A tomar por c… el globo de los 3:30”. Efectivamente, el globo se ha soltado y se eleva por el cielo berlinés. EL ex- portador del globo sigue corriendo, pero ya muy deslegitimado. Pensamos en preguntarle “¿qué hiciste con el globo, Klaus?”. Le adelantamos. Seguimos los cinco juntos.Cruzamos un puente en Alexanderstrasse (“¿cómo harán para cruzar por aquí Cami y Morita?”) y entramos en Kretuzberg. No nos fijamos mucho en los barrios. O si nos fijamos, yo no me acuerdo. Hay mucha gente. No siempre animan mucho, pero hay mucha gente. Muchas banderas españolas. Y algunos alemanes que hablan español (supongo que aprendido en Marbella) y nos gritan “Espania!!”En el kilómetro 14 o así, tras un avituallamiento, Alfonso hace una parada técnico-biológica. Decimos “ojalá no intente alcanzarnos rápidamente”. Ya había hecho algún gesto de no ir del todo bien, y su parada me parece un mal síntoma.Bajamos hacia el sur. En una plaza (Hermanplatz), en el kilómetro 16, hay un montón de gente. El paso se estrecha, y los gritos son muy sonoros. Manolo, Alex, Luis y yo seguimos juntos. Curiosamente, Manolo y Alex van un poco por delante. Parece como si fueran a nuestro ritmo (bueno, al de Luis), pero por delanteY así llegamos hacia el kilómetro 20, por una larguísima avenida. Hay una curva, y vemos a nuestras mujeres (y, lamentablemente, a Nacho, que se ha retirado pronto y está ya duchadito) en una mediana, en el mejor sitio. Efectivamente, son las mejores. Adela está la última, ya ataviada para unirse a la carrera en el 36. Como cada vez que las vemos, la emoción es grande.Una vez pasada la media maratón (ni me fijo en el tiempo), la siguiente referencia es el kilómetro 34, donde está la Iglesia en ruinas. Vamos muy bien, Yo no paso de 150 pulsaciones todavía. Pero comentamos que la carrera no ha empezado todavía. Que hay que llegar bien a la Iglesia. Un poco más adelante, y poco a poco, Alex y Manolo nos dejan detrás a Luis y a mí. No se si han aumentado un poco el ritmo, o si nosotros lo hemos bajado. Pero Luis me dice que vamos bien. Hacemos 4:50-4:55 o así, aunque luego, en los avituallamientos, perdemos tiempo. Sobre todo yo, que me quedo siempre atrás. Luego me hace falta bastante tiempo para volver a alcanzar a Luis, que suele darme la mano. Luis va muy serio, muy concentrado. A veces intento darle charla, pero no quiere hablar. ¡Cómo ha cambiado!Volvemos a ver a los “fotógrafos sobre ruedas”. Les pregunto por Alfonso y me dicen que va cerca, detrás.Nos encontramos con muchas bandas de música. La carrera es impresionante en cuanto a gente y a ambiente. Casi como Nueva York. Hay grupos buenísimos y da ganas de pararse a escuchar algunas canciones (una ganas locas). Recuerdo unas señoras tocando tambores, como locas. Un grupo de percusión brasileño, un grupo de country con una cantante buenísima, unos viejos rockeros, varios grupos de ritmo africano, otro de jazz… ¡Qué pena no poder parar!Ya no vemos a Alex y a Manolo, aunque yo estiro el cuello en su búsqueda. Encontramos a un par de españoles ataviados exactamente igual, con medias altas y camisetas de España blancas. Les adelantamos. Avanzamos hacia Ku’Damm y Charlottenburg. Se alterna el bullicio con zonas de silencio. Una calle es más sombría y estrecha. En un puesto de agua casi pierdo a Luis. Le veo correr mejor que yo. Pero me agarro a mis pulsaciones, que son muy bajas. A veces me empieza a doler el talón, pero luego se me pasa.Ya estamos en el kilómetro 30. Hay más ambiente. Es un barrio del Berlín occidental. Por aquí vimos Adela y yo el Maratón, hace unos 5 años. Quién me iba a decir a mí que lo estaría corriendo unos años después. Nos vamos acercando a 2 globos de 3:30 (estos no los han dejado escapar), pero no parece que los alcancemos nunca. Ya vemos la famosa Iglesia, al final de la calle. Es el kilómetro 34: ya se puede decir que empieza la carrera de verdad. Me duele más el tobillo, y por un momento me imagino renqueante, recorriendo casi andando los últimos kilómetros. Pero ahuyento los malos pensamientos e intento no cojear.Luis, que hasta aquí iba corriendo muy relajado y constante, tuerce el gesto. Dice que no está bien. Un poco más adelante, me dice que siga yo, que él va a ir más despacio. Yo le doy ánimos ”piensa en llegar bien al 36; sólo 2 kilómetros, luego se une Adela y es otra carrera”. No le convenzo. No se si dejarle. Tampoco quiero forzarle a ir demasiado rápido, por si pincha. Paso delante, pero bajo el ritmo para “tirar de él”. No me voy, y me lo agradece. Me propongo esperarle, ver si pasa el bache (algo parecido le pasó en París, pero lo superó). Bajamos a 5:10 o así. El globo se aleja poco a poco. “Ya falta poco para el 36, para ver a las chicas, y luego, enseguida Unter den Linden”. Pero Luis tiene cara de preocupado.De pronto, veo delante a Manolo, a 30 metros. Se lo digo a Luis. Así llegamos al 36. Me emociona ver a Adela preparada para correr. A estas alturas de carrera cualquier gesto se convierte en esencial. Cojo a Adela de la mano con fuerza, como si la sacara a bailar. No la suelto y empieza a correr a mi lado. No había querido esperar demasiado este momento, por si algo fallaba y no podía acompañarme. Pero aquí está, a mi lado. ¡Qué maravilla! Corro con ella y a la vez espero a Luis. Llegamos a un puesto de agua. Tras pasarlo y beber, no veo a Luis. Le pido a Adela que mire. Bajamos el ritmo. Pero nada. Miro a Adela y la veo un poco roja, resoplando. “¿Vas bien a este ritmo?”. Pone cara de que no. Le digo que entonces busque a Luis y le acompañe. Me da mucha pena separarme, pero también me alegra que vaya a acompañar a Luis.Yo alcanzo a Manolo. No sonríe y va algo pálido. También le digo palabras de ánimo. “Venga, Manolo, que ya estamos. ¡Qué carrerón!. Ya no falta nada, enseguida llegamos a Unter den Linden”. No se si le animo a él, pero me animo muchísimo a mí mismo. Qué curioso. También paso delante, pero no le dejo durante un kilómetro o así. Intento que se venga conmigo. Se nos une un malagueño un poco tristón. Nos cuenta que es su último maratón, que tiene ya 55 años y que se ha jubilado. Intento animarle (y de paso animarme) pero me dice que no, que hace un año en Nueva York ya había llegado a la meta en ese tiempo. Que lleva 11 maratones, que su mejor marca es 2:55. Le pregunto su nombre. Fernando. Le llamo por su nombre y le animo, porque me parece que lo necesita de verdad. Le deseo que acabe bien su último maratón. Se queda por detrás.En el kilómetro 38 dejo a Manolo detrás. Me despido y empiezo a tirar. Desde el 34 o así he aflojado el ritmo y he encadenado una emoción con otra (Luis, Adela, Manolo, incluso Fernando). Ahora noto que estoy muy fuerte y que tengo la moral por las nubes. Nunca hasta ahora había conseguido mantener el ritmo al final de un maratón. Siempre digo que al final va uno muy justo, con muchas molestias y pocas fuerzas como para mantener el ritmo. Pero ahora lo intento y empiezo a tirar. Sonrío mucho a todas la banderas españolas y, poco a poco, voy yendo cada vez más rápido. El globo está ya muy lejos, pero voy a intentar acercarme lo más posible. Creo que Alex tampoco está muy lejos. Hago el kilómetro 39 en menos de 4:50. He conseguido acelerar. Acelero un poco más. Empiezo a adelantar a mucha gente. Ya acaba Leipzieger Strasse. Y veo de pronto a Alex y a Cami. Grito ¡¡Cami!!. Es increíble, pero se vuelve a repetir la historia de Ámsterdam, esta vez sin Alfonso. Enseguida les alcanzo. Casi no paro. Le doy ánimos a Alex, pero sigo. Cami se viene conmigo. Un poco más adelante le digo que se quede con Alex, que yo voy muy bien. Pero dice que tiene que filmar al primer sub 3:30 del grupo. Yo tengo la piel de gallina de la emoción. Estamos en el kilómetro 40, enfilando Unter den Linden.Correr con Cami el final de un maratón es una maravilla absoluta. Mi moral ya alta me sube por las nubes. Le mando a por agua. Me dice que beba, y que ahora tiramos. Le digo que no. Pero enseguida le digo sí, que tiramos. Corremos cada vez un poco más rápido (4:40, luego 4:30, que no es mucho, pero a mí me lo parece), y adelantando a cientos de personas (bueno, o a muchas decenas). Cami me graba mientras corre, y yo voy como en volandas. “¡A por el globo!” Le digo mis pulsaciones (163, luego 165) y Cami me anima más y más. Vemos a Aure a la derecha, ya entre el 41 y el 42 y la saludo feliz. Adelantamos al globo, de sobra. Ya llegamos a la puerta de Brandembrugo. Me parece que he volado por Unter den Linden. Cruzo la puerta por el centro. Cami sigue conmigo. Me acerco a la izquierda, a la valla, asombrado por el griterío de la gente. Cuando llego a las gradas, ya completamente emocionado, levanto los brazos. La gente ruge (no por mí claro, pero da igual). Sigo corriendo. Cami se para de golpe y entro solo en la meta. Muy contento y orgulloso de mi carrera, de mi mujer, de mis amigos.Jamás pensé que este maratón acabaría tan bien. Ha sido muy emocionante. Como todos, vaya.

Berlin 2007 (ACG)

Comencé a preparar este apasionante maratón (el mejor de los que he corrido) justo al terminar el de Barcelona. La verdad es su elección fue, cuando menos , controvertida. Estaba muy cerca del verano, lo que obligaba a machacarse durante agosto. Pero la mayoría de los maratonianos otoñeros votamos por uno de los 5 grandes (en algún momento había que afrontarlo, y no se iba a cambiar nunca la fecha).
Como digo, empecé a prepararlo después de Barcelona. A la vuelta de cinco etapas del Camino de Santiago tuve una pequeña fisura en el soleo (creo que izquierdo). No era la mejor manera de empezar la preparación, pero si tienen que venir lesiones (que tienen), nada mejor que muy al principio, no?. Total, que pude empezar a preparar Berlín a mediados de mayo. Mucho tiempo por delante, muchas ilusiones puestas en este nuevo reto, después de la pequeña decepción en mi ciudad natal…
Decidí concentrarme en las pesas, como base de la preparación. En los dos últimos maratones me había encontrado con poca fuerza en las piernas, por lo que intensifiqué el entrenamiento de potencia. Muchas cuestas, muchas pesas. En la distancia creo que me equivoqué en el planteamiento. Como siempre subí demasiado peso, especialmente en los abductores, lo que hizo durante el entrenamiento de calidad sufriese mucho en esta zona. Y ya se sabe, cualquier descompensación se paga…
Entrené con malas sensaciones en junio, y hasta la carrera de san Antonio, el último fin de semana de julio no empecé a encontrarme bien. Me tocó viajar bastante durante esos meses, y lo noté también. Corría bien durante el viaje (siempre es chulo conocer nuevos sitios para correr), pero a la vuelta me encontraba muy cansado. En San Lorenzo corrí bastante bien, con un final apoteósico con Cepeda, y rodeado de gente del Boston. Es una carrera preciosa, dura, pero que se ha convertido en un clásico al ser la según da edición consecutiva que la corro.
En Agosto empezamos el veraneo, este año en los Estates. Vaya subidón de mes! Ni más ni menos que 325 km, con alguna semana de 90 km. Grandes entrenos con estupendas intensidades. Pero no toda¡o era perfecto, porque no tenía acceso a fisio cuando lo necesitaba, y empecé a notar algo cargado el cuádriceps derecho. En fin, en mi última semana de agosto ya estaba bastante dolorido, y el fisio que estaba disponible no me solucionó nada. Empezaba a desesperarme, la pierna cada vez me dolía más. Comenzaba el mes de septiembre, el mes de afinar. Me encontraba en plenitud de forma mental, con muchísimas ganas, y la pierna cada vez iba a peor. No era nada del cuádriceps, se había convertido en un dolor nervioso, que además le quitaba fuerza al músculo. Total, 6 días parado la primera semana de septiembre, y otra semana parado la tercera de septiembre. Entre medias, malos entrenos, salvo el día de los 5 bosques. Cada vez me notaba peor de forma, y encima en los entrenos las pulsaciones cada vez eran más altas. Imagino que todo ello me afectó en la motivación, ya que en los últimos días ni me apetecía correr, a pesar de que gracias a Dios el dolor de la pierna remitía con el descanso recomendado por Javier San Miguel y el excelente trabajo de los fisios del Assari Mariano y de Javier. En la última semana no me encontré bien. Estaba además cansado, con dolores musculares, a pesar de no estar entrenando, y con el estómago dando pequeños problemas.

Imagino que los dos últimos entrenamientos son muestra de mi estado de ánimo: el miércoles antes de la partida tocaban 5*1000, y me marqué un auténtico Combarro, dejando el entreno antes del primer mil…
Y el último fue el mejor, el viernes en Berlín. Ni fui capaz de levantarme de la cama!!!
Vamos que el panorama estaba de lujo para el domingo. Aun así intenté animarme durante el viaje. Pintaba estupendo. Incluso Nacho Cepeda parecía que se había recuperado, y de hecho fue de la partida en la salida. Cami y Morita estaban descartados, pero su presencia animaba un montón. El resto se veía en gran forma, con mucho ánimo, y mucha más tranquilidad que en maratones anteriores, se va notando la experiencia.

Nueva York (Inaacio)

Dedico estas humildes líneas, junto con el muy humilde Maratón que corrí en Nueva York en 2005, a los que me habéis ayudado a llegar a disfrutar de esta experiencia tan asombrosa. A mis padres, que con tanto cariño y orgullo han seguido mis pasos. A mi mujer, que tanto y tanto me ha apoyado (baste decir que tiene madera de maratoniana). Y a mis amigos, que me llenan de orgullo cada día: especialmente a los que han organizado el viaje, y a los que me han acompañado estos meses, que vienen a ser los mismos.
Recuerdo que en la primera carrera que corrimos (Carabanchel 2003), de vuelta a casa, Alex comentó lo bonito que sería correr el Maratón de Nueva York. Yo, de naturaleza racionalista, pensé que la cosa sería un tanto absurda. Correr una distancia tan larga (42,195 km.) ya parecía poco apetecible. Pero correr tan lejos, cuando las maratones son todas iguales parecía una locura, ¿no?. Y aquí estamos, con un orgullo que no nos cabe en el pecho por haber culminado esta pequeña locura!
La magia del maratón consiste en superar un gran reto, con una exigencia física sencillamente extraordinaria que rebasa el límite de lo razonable. Pocas veces en los avatares de nuestras vidas llegamos a este nivel de esfuerzo físico, que en el maratón se realiza dentro de un acontecimiento importante, festivo, rodeado de tus familiares, amigos y... otros miles de personas.
El Maratón de Nueva York 2005 ha sido, creo yo, “la madre de todos los Maratones”. Porque el entorno en que se corre es único, con una cuidad espectacular completamente volcada en celebrar las andanzas de decenas de miles de “héroes” (así te hacen sentir) de países de todo el mundo. Porque hemos estado además arropados por nuestras mujeres, más allá de lo que podríamos soñar. Y porque si se trata de correr una carrera dura, esta desde luego no se ha quedado corta.
El maratón se disfruta. Y mucho: antes, durante y después. Pero también se sufre. Y este ha sido muy bueno en lo bueno, y en lo menos bueno. Por eso el 6 de noviembre de 2006 será una fecha difícil de olvidar, afortunadamente.
¿Y la carrera?
Tras una cola de hora y media en la calle 42, y otra hora y media en el autobús, produce verdadera impresión llegar al “campamento Verrazano”. El estomago se sube a la boca, y uno pasea por allí, rodeado de miles de personas, como por un sueño. Tuvimos el tiempo justo para dejar nuestra ropa en los camiones, acercarnos a nuestra zona, untarnos de lilimentos y vaselinas, estirar, y situarnos en el pelotón de salida. (Nacho hizo un chiste ingeniosísimo con el Gatorade de lima-limón, pero no me atrevo a contarlo; preguntádselo a él).
Por fin, 4 horas y media después de levantarnos de la cama, nos encaminamos a la salida, en un ambiente de alegría y nerviosismo. El grupo estuvo a punto de escindirse por una parada técnica de alguno del grupo (no! esta vez no fue Luis!). Pero logramos reagruparnos a tiempo para escuchar “Barras y Estrellas” como un americano más. “The home of the brave - and the land of the FREE!!” y boom! un cañonazo y una masa de miles de corredores a la consecución del gran reto, empieza a moverse entre la niebla. Verrazano vibra!
Vamos bastante delante, y empezamos corriendo, aunque despacio. El puente no es lugar para adelantar demasiado, y viene muy bien trotar despacio para ir cogiendo el ritmo, y para disfrutar de este momento único en nuestras vidas. Qué impresionante!
Vamos juntos Alex, Luis, Alfonso y yo. Maté, Manolo y Nacho van un poco más lentos. He convencido a Alfonso para que no salga a galopar desde el principio, y corra los primeros 10 kilómetros conmigo, algo contenido. Sorprendentemente, me hace caso. En ocasiones, incluso me pide que pase yo delante, porque si no acelera y se va sin darse cuenta.
El puente es largísimo. Sube durante 1.5 km, baja durante otros tantos. Noto un mareo raro. Pienso que es por la multitud de gente. Luego me dicen que la causa es el puente, que se movía... Por fin salimos de Verrazano y enseguida cogemos una larga avenida: la 4ª, de Brooklyn. Hay muchísima gente e intentamos adelantar poco a poco. Hemos perdido 2 minutos hasta la salida, y otros 2 en el puente. Ahora intentamos alcanzar una velocidad de crucero entre 5:10 y 5:20 minutos por km. Es un ritmo muy conservador; en la Escuela del Corredor nos vaticinaban ir sin problemas a 4:57. Pero hace mucho calor, mucha humedad, y más vale ir precavido. El recorrido por aquí es incómodo, porque vamos adelantando gente entre poco espacio, a veces de forma un tanto brusca. Unas vallas haciendo de mediana dificultan a veces la marcha.
En la milla 3 van a estar nuestras mujeres. Es difícil verlas entre la multitud de espectadores y corredores, pero no perdemos la esperanza. Nos ceñimos a la derecha, que es donde habíamos quedado. Pero nada. De pronto oímos “España!!” y vemos, a la izquierda de la calzada (curiosamente), a las chicas, envueltas en sus banderas. Han visto pasar a otro español y le han animado. Qué emocionante! Pego un grito con todos mis pulmones Adelaaa!!!!!. Y creo que nos ven, por los pelos.
Seguimos felices. Enseguida se disipa la niebla y sale el sol. Empezamos a sudar mucho, muy pronto. El primer barrio de Brooklyn es hispano. Luego hay otro africano. Brooklyn es inmenso y con montones de barrios distintos. A veces corremos pegados a la orilla para ir viendo a la gente, las bandas de música, las banderas... Es alucinante. Vamos disfrutando muchísimo, mientras dejamos atrás kilómetro tras kilómetro. Las pulsaciones van en torno a 150, completamente controladas. Estoy muy contento, convencido de que va a ser una gran carrera y de que voy a llegar sobrado.
La cantidad de gente animando a los corredores es abrumadora. Uno se siente con ganas de decir “gracias, pero no tenían que haberse molestado por nosotros”. Les miramos con asombro, aunque disimulando para no parecer unos paletos. La gente corea nombres y mueve banderas; hay muchas bandas de música. Nombres, banderas y música que cambian barrio a barrio. Creo que tardaré mucho tiempo en dejar de oir el eco de los gritos de “UUUUUUUUH!!”.
En el avituallamiento de la milla 6 Alfonso se marcha, como estaba previsto. Estoy muy confiado en que haber empezado despacio le va a ayudar a acabar bien. Seguimos Alex, Luis y yo.
En la milla 8 nos esperan nuestras mujeres, por segunda vez! Estamos en un barrio sajón, más elegante, con multitud de gente animando. Nos acercamos otra vez a la derecha (esta vez sin dejar de mirar de vez en cuando a la izquierda). Luis dice que ha visto una bandera española. Allí están!. Veo a Miriam, Inma, Patricia, Susana, Nati, Alicia, Adela... Qué maravilla. Me acerco y toco la cara de Adela con mi mano (seguramente le mancho un poco, pero no importa). Y seguimos, emocionados.
Por fin salimos de la 4ª avenida y giramos a la derecha. Tomamos una calle (Bedford, creo), llena de árboles; umbría. Aunque es una subida, se nota mucho más fresco y se agradece. Sigue animando mucha gente. Esta vez es un barrio negro. Hay urinarios de campaña, y todo. Y es que en NY no está bien visto utilizar las calles para orinar...
La cosa va de cine. No va a haber quien nos pare! Giramos a la izquierda y vuelve el sol, en una zona más desangelada. Ya no hay tanto agobio de gente. Luis se queda atrás, a su ritmo. En una de las calles de Brooklyn dejamos de verlo.
Estamos en la milla 9 o así. De pronto veo que los niños van vestidos muy elegantes, muy abrigados con ropa gris, pese al calor. Y mujeres con gabardina negra hasta los tobillos. Es un barrio judío ortodoxo. Asombroso: parece los años 40 en centro Europa. Aquí nadie anima. Un montón de niños en aparente formación nos miran desde unas escaleras, pero están todos callados. En esta carrera lo interesante es mirar a la gente, y olvidarse de “pulsaciones” y “sensaciones”.
Unos giros y llegamos a un barrio polaco. Una avenida de bajada, y en seguida el Pulaski Bridge (puente 2 de 5), justo en la mitad de la carrera. Los puentes son desagradables. No hay gente animando, el piso es muy duro, y tienen subida (que se hace entre antipática e insoportable, según el kilómetro de carrera) y bajada (que no aprovecha nada). En los puentes mucha gente deja de correr. En Pulaski, a la derecha, yace un corredor tumbado boca abajo, aparentemente inconsciente. Un grupo de gente de la organización se acerca corriendo a socorrerle. Bajamos la cabeza y seguimos, tal vez reduciendo imperceptiblemente el ritmo. Hay que respetar la Maratón...
Ya estamos en Queens, al otro lado del Pulaski. La zona es más bien fea, industrial. En algunas avenidas hay gente, pero otras están desiertas. Seguimos Alex y yo. De vez en cuando le pregunto cómo va. Correr en grupo siempre es difícil, sobre todo cuando vas un poco por delante. Al final de Queens, justo antes de entrar en Queensborough Bridge (puente 3 de 5), está el rascacielos de Citibank. Sé que va a haber gente del banco animando a los colegas corredores, así que me acerco a su mesa y saludo con la mano. Enseguida me jalean. Una simpática camarada se acerca corriendo y me da una barrita de cereal que agradezco efusivamente. Un poco más adelante, cuando ya no me ve, la tiro al suelo.
Y llegamos a Queensbourough, que une Queens y Manhattan (milla 16 de 26). Si Pulaski es antipático, Queensborough es odioso. Corremos en el piso de abajo, entre un zumbido molesto. Hay poca luz, mucha subida, y es larguísimo. No hay nadie animando. Aquí ya hay gente que va andando. Parece que el calor (y los kilómetros) empiezan a cobrar sus víctimas. Atravesamos incluso un túnel en el que no se ve ni torta. Las pulsaciones van ahora un poquito altas en la subida (163).
Por fin acaba el maldito puente, con una gran recompensa. Llegamos a Manhattan Me preparo para vivir los que todos nos dicen ser una de las sensaciones más fuertes de la carrera. Pero aún así me sorprende. Se me abre la boca de asombro y se me pone la piel de gallina. Hay miles de personas cerquísima, animando, en la curva que baja hacia la izquierda. Gritan como locos, como si llevaran horas esperando a que pasara yo! Me siento como si he hubieran organizado una fiesta sorpresa. Increíble!
Estamos en Manhattan, en la primera avenida. Un sueño. Muchísima gente a ambos lados de la calle: filas y filas de personas. Muchas de éllas llevan banderas. Y es que Nueva York es una prueba casi internacional, por países. Cuando veo una bandera española, me siento más español que nunca, y pienso en lo bonito que son las banderas para acercar a unas personas a otras, con tantas cosas en común. Y lo odiosas que se vuelven cuando se utilizan para negar a otras personas, no tan distintas al fin y al cabo. Llevo en el pecho, con más orgullo que nunca, nuestra bandera española, tantas veces maltratada.
En la primera avenida empiezo a notar los dolores familiares del maratón; especialmente un dolor a los costados de la cadera que me acompañará mucho tiempo. Pero, como otras molestias que aparecen, no son importantes y ya logré ignorarlas en el maratón de Madrid. El pulso se recupera y voy dentro del ritmo que me había propuesto llevar, en torno a 5:20 el kilómetro. Así que no debería tener problemas para acabar.
Veo unos niños que reparten plátanos, y le cojo uno a un rubiales más pequeño que Guillermo, que parece orgullosísimo. En Nueva York, además de los cientos de voluntarios que ayudan en la organización de la carrera, hay muchísimo espontáneos que ofrecen todo tipo de cosas. Este compromiso de la ciudad con los “héroes del maratón” hace esta carrera especial. Me como el medio plátano de rigor, que sabe a gloria.
Vamos mirando las calles que cruzan, desde la 60 o así, hasta la 90, donde hemos quedado con nuestras animadoras. Alex viene detrás, así que giro la cabeza de vez en cuando. En una de éstas le veo algo retrasado. En la siguiente ya no le veo. Estamos cerca de la milla 18. Me acerco a la derecha, con mucho miedo de no ver a las chicas, porque a estas alturas de carreras su apoyo es fundamental. Busco, pero nada. Cuando empiezo a desanimarme veo, otra vez a la izquierda, las benditas banderas, esta vez subidas en un andamio. Me cruzo en diagonal por la calle, contentísimo, levantando las manos y tirando besos. Ya falta poco para verlas otra vez, en Central Park, muy cerca de la meta.
Paso la calle 100, y cada vez hay menos gente. Hace calor y tengo la boca seca. He ido bebiendo agua, mucha más de lo previsto por el calor. En la mayoría de los controles (cada milla), bebo algo. Alguna vez bebo Gatorade, pero se me queda la boca muy pastosa.
Llegamos al Willis Bridge que nos saca de Manhattan al Bronx (4 de 5), y es otra vez desagradale. Muchísima gente ya va andando. Han puesto una alfombra para hacerlo más suave al tacto de los piés cansados, pero aún así parece que iría uno descalzo. Es la milla 20 y tengo tentaciones de andar un rato, que por supuesto supero. Me acuerdo de Nacho B., que me había recomendado no fijarme en el tiempo y disfrutar del maratón. Pienso que el maratón se disfruta, pero también se sufre; inevitablemente. A partir de esta milla empiezo a fijarme menos en gente, música y banderas, y desear llegar lo mejor posible, y cuanto antes.
El paso por Bronx es testimonial. Hay poca gente. Una milla, y enseguida volvemos a Manhattan. Al cruzar el puente (el último) veo delante, a la derecha, la inconfundible figura de Alfonso andando. Un escalofrío me recorre la nuca. También aquí vuelvo a vivir lo que viví en Madrid. Alfonso! Le llamo y le digo que corra conmigo. Bajo mucho el ritmo (a 6:30?), y le doy ánimos, porque sé que debe estar sufriendo lo suyo. Me propongo llevarle despacito hasta donde pueda. Curiosamente, se pone él por delante. Genio y figura. Le digo varias veces que vaya despacio, tranquilo. Para a coger agua, luego vuelve conmigo. Pero poco más adelante da un para de zancadas rápidas y se para de golpe.
Sigo adelante, aunque ya me cuesta mucho recuperar el ritmo de antes. Cruzamos Harlem, rodeamos un parque en la milla 22. Las pulsaciones van relativamente bajas, y me pregunto si no estaré haciendo el vago. Pronto empieza la subida de la Quinta avenida, que es muy larga y bastante pronunciada. Voy bien, aunque algo lento. Tengo la piel de gallina, con una mezcla de calor y frío. Recuerdo muchas sensaciones de Madrid, pero ésta, no. En la subida me pasa el globo de las 3:50, con mucha gente alrededor. Me pongo a su velocidad y me planteo seguir a ese ritmo hasta la meta. Pero prefiero ir más despacio para evitar problemas.
Pronto llegaremos al Guggenheim y al parque. Ya falta poco. Pero empiezo a notarme mareado, y con somnolencia. Ya no noto el dolor en las piernas. Algo no va bien. Entro en el parque y veo a las chicas. Pero no me acerco a éllas, porque creo que mi cara no debe ir como para enseñarla. Intento hacerles un gesto con la cabeza, que no sé lo que significa y que, en cualquier caso, no me sale. Sigo corriendo, bastante tocado. Y me quedo sin gasolina. Me noto perder velocidad como un tren llegando a una estación. Dejo de correr. Estoy algo mareado. Pienso en Alfonso. Ya sé lo que es pinchar, y con estrépito. Después de correr tres horas y media, al andar parece que uno fuera a cámara lenta. Es la milla 24. Sólo quedan 2, pero se me hace larguísimo. Pienso mucho en Alfonso. Noto agua en la tripa, así que no se si estoy deshidratado, o si he bebido demasiado, o qué. En el siguiente control bebo Gatorade, a ver si me da fuerzas. Pero no.
Mucha gente me anima, pero no puedo correr, así que les doy las gracias educadamente. Dicen mi nombre, “España”, “un poco más”... Ni por ésas. Una vez que has echado a andar correr otra vez es casi imposible Unos españoles me dan una botella de agua. Como en Madrid, tengo psicosis de beber agua. Por fin salgo del parque y enfilo la calle 59. Es la penúltima milla. Muchísima gente me adelanta. Pienso que me adelantará el resto del grupo, pero no los veo. Voy buscando con la mirada gente con botellas de agua, para pedírsela. Por fin veo una botella en el suelo, a los piés de un policía que mira a otro lado. Me agacho y la cojo. Otra policía me ha visto. Me pregunta are you ok? Le digo yes, but very thirsty. Only half a mile to go, me dice. Me reiré cuando lo recuerde, pienso. Me bebo la botella casi de un trago. Va a ser deshidratación....
Por fin llego a Columbus Circle, y otra vez al parque. Los últimos 300 metros. Consigo volver a correr muy despacio, mientras miro fijamente la meta. Levanto los brazos y entro. Agotado, pero inmensamente satisfecho.
A partir de aquí, todavía hay que andar un montón, abrumado por la organización. Te ponen una medalla, te hace una foto, te dan una manta, un adhesivo para pegarla, agua, comida, alguien se presta a quitarte el chip... Asistentes sanitarios me dan sal y me dicen que beba. Tengo tentaciones de tirarme en la hierba, pero tengo que salir para ver a Adela, que a lo mejor está preocupada.
Por fin llego a donde están las chicas esperándonos, y me fundo en un abrazo emocionado con Adela. Como en Madrid, es lo mejor que la carrera.
Poco a poco nos vamos reagrupando los amigos. Todos hemos pinchado, pero todos hemos acabado. No hemos venido a luchar contra los elementos, dice Maté... Nos reímos y estamos tan orgullosos como agotados. Muchos no habíamos corrido un paso hace pocos años. Ahora, a los cuarenta, somos verdaderamente “los héroes de Nueva York”.

Nueva York 2005 (ACG)

Queridos miembros del 40’s running club y amigos no runners,

Vaya pedazo de viaje que nos hemos pegado!!! Ocho parejas, siete días en torno al maratón, y sólo una bronca (la que me pegó, con toda la razón Susana por pirarme sin avisar!). La verdad es que es un lujo viajar con vosotros. Imaginad además que la próxima vez no viajamos condicionados por una carrera.

Paso a resumiros desde mi punto de vista el maratón de Nueva Cork.

Para mi se trataba de la culminación de un reto que me puse hace dos años. Correr un maratón cuando me costaba correr más de 15 minutos seguidos me parecía algo por lo que merecía la pena trabajar. Para ello contaba desde el principio con dos grandes aliados: la constancia de Inaaaacio y el entusiasmo de Luis. Sin ellos estoy seguro que no lo hubiese conseguido.

Y la verdad es que lo he pasado muy bien preparando esta carrera. Tan bien, que voy a seguir preparando maratones. Sé que esta fiebre ya ha contagiado a otros. Como es una fiebre sana, espero que los no corredores no sólo terminen entendiéndonos, sino incluso alguno uniéndose (esta mañana ya se ha liado mi hermano J).

Pues bien, cuando en 2.003 empecé a correr, mi primer objetivo era correr la San Silvestre (10km el 31 de diciembre). Tuve mi bautismo de fuego incluso antes, en el CSIC, el tercer domingo de octubre. Terminé en 56 minutos, con 177 pulsaciones de media, y andando. Los que llevaban corriendo unos meses más que yo acabaron en torno a los 50 minutos, pero mucho más enteros. Me di cuenta en ese momento que para correr 10 km tenía que entrenar más de un día a la semana, pero aún así no lo conseguí.

Llegó el 31 de Diciembre, y corrí la San Silvestre con Luis. Me acompañó todo el rato, y al final me dejó sólo, para que pudiese bajar en casi dos minutos mi marca. También acabé muy cansado, pero fui capaz de preparar los aperitivos de Nochevieja y aguantar más o menos despierto hasta las 2 de la mañana!

Seguía sin correr más que un día por semana (los sábados en Valdelatas), y nuestro siguiente objetivo era correr una media. Elegimos la de Madrid, y para ello nos preparamos corriendo la Media Universitaria, pero sólo dos de sus tres vueltas. Casi muero en el intento, pero me hice esos 14 km en 1:16. Al cabo de tres semanas fue la media de Madrid, en la que paré el crono en una estratosférica marca de 2:07, con la cara de hecho polvo que conocéis la mayoría de vosotros. Pero bueno, ya teníamos la primera media en la buchaca.

En la temporada de otoño repetí carreras, si bien bajando 8 minutos en ambas, y con mucho mejores sensaciones. Acabé CSIC en 49 minutos, y San Silvestre en 48, acompañando esta vez yo a Luis, que estaba un poco peor de forma. De hecho, yo había empezado ya a preparar Mapoma, según el libro de Inaaacio (18 semanas de preparación).

Y empezaron las clásicas, donde se incorporaron nuevos corredores a mi historia. El infatigable Cami, y los keniatas Ander y Manolo, además de otros muchos amigos de Ander. También corrió Alex, gracias a Dios con flato desde el primer km (J). La organización de Navafría resultó impecable, y los 21 km y un poco más de orientación fueron la primera carrera con confraternización posterior que tuvimos.

Después de Navafria, llegó la Carrera del Agua (6 de marzo, 10 km en Madrid, con desnivel a favor, donde corrí con Cami (que aún cojo hizo 44 min), con Pablito Cortacans (sin despeinarse 39 min), y yo me regalé un 41:52 que hasta hoy es marca personal en la distancia. Pero a partir de esta carrera empezaron los dolores, una periostitis en la pierna derecha que me molestó hasta Mapoma. Después, la Media Universitaria, esta vez entera, y con visita catalana (sección sanfeliuense representada por Jordi y por Guillermo), en 1:36, la media de Madrid, a la que se incorporaron Máte y Adela, y en la que Manolo descubrió el pulsómetro, la Carrera dels Bombers en la que Cami y yo devolvimos visita a la sección sanfeliuense, y por fin Mapoma, de la que ya escribimos ríos de tinta. Unas semanas antes se había incorporado el infatigable Nacho Cepeda, el cual rápidamente se convirtió en núcleo duro.

Tras Mapoma volvieron las clásicas. Duatlon de Cardeña, ganado por Cami, con Inaaaacio en segunda posición y yo en tercera (la verdad es que no competisteis ninguno más), y arrasado por Adela en categoría femenina, en la que no permitió siquiera que nadie quedase en segunda posición. Acuatlón de Santander, con reglas poco claras en la parte de la natación, y con la incorporación de Jon, Nekane, Manuel Chaure y Alejandro.

Y ya estábamos inmersos en la última parte de la preparación del reto: Nueva York estaba a menos de cuatro meses. Dimos un paso adelante y nos apuntamos a la Escuela del Corredor de R. Gavela. Inaaacio, Luis, Nacho Cepeda y yo. Un mes más tarde Máte se incorpora como regalo de cumpleaños. Se trataba de preparar Nueva York con el método de la revista Runners (4 días a la semana), y para mi la experiencia no ha podido ser mejor (bueno sí, si hubiese hecho un gran tiempo en NY…). Al empezar a correr en Oberon, me costaba mantener un rodaje de 40 minutos a 6 minutos el km. Mapoma me había dejado baldado, y mi cuerpo se negaba a reaccionar. Julio fue un mes muy caluroso, y los entrenamientos se hacían a 37 grados, aunque fuesen a las 7 de la tarde. Y ya no duraban 40 minutitos, sino que cada sesión era como mínimo de dos horas, con algunas de cerca de tres. Incluían estiramientos, pesas, abdominales y carrera. Poco a poco fui recuperando el tono, y a finales de julio ya me empezaba a encontrar bien. Entrenaba fuerte con Nacho, hasta que la pierna le volvió a pasar factura En Agosto pude entrenar muy bien, ya que el trabajo que me da de comer era mucho menos demanding y no me fui más que 10 días de Madrid para vigilar las obras de mi casa. Empezamos la recta final en Septiembre, con la carrera de San Martín de la Vega, en la que me quede cerca de mi record. A finales de septiembre la Meia Maratona de Portugal, que supuso un bajonazo para Luis, para Nacho y para mi, ya que no hicimos ni de cerca los tiempos que pensábamos, y acabamos con muy malas sensaciones. Calor y humedad fueron los factores. Nos resarcimos en Talavera, donde hicimos todos (menos Nacho, que no pudo venir) muy buenos tiempos, incluido Ander, que pasaba por allí. Reseñar la actuación de Cami, que a pesar de saber que iba a lesionarse corrió y, evidentemente, se lesionó.

Y ya estábamos en capilla para Nueva York! Sólo quedaban tres semanas, en las que la presión era por no lesionarse o enfermar. Recuerdo el día en el que íbamos a hacer el test de los dos seismiles. Me dolía todo: la fascitis, la periostitis, y me sentía muy débil por catarro. En cuanto hicimos el test, que nos salió a todos los que pudimos hacerlo muy bien (Nacho seguía entre algodones), se nos pasó el mal cuerpo.

No quedaba nada, ya estábamos equipados, con nuestras camisetas y forros polares de la Policia Nacional, y con las camisetas y chandals del Ayuntamiento. Los últimos días los dediqué especialmente a completar la apuesta que había lanzado para ayudar a Africa Directo, extorsionando a los amigos que no me habían contestado.

El viaje fue además estupendo. Primer día dedicado a compras, después de que Luis (lo dejo para otras crónicas, ya que yo no estuve en la cena) pronunciase la célebre frase del viaje. Descubrimiento de Luis Mora como comprador compulsivo, y en mi caso además como buen amigo, y de Alicia. Segundo día marcado por la visita a la expo y por el otro maratón musical (gracias Inaaacio), sábado de “relax”, con la gran carrera de la amistad y Adelita como representante española, y la mañana en la Niké town con Luis. Comida con los Comb, los Mora y sus amigos de NYC, y misa en Saint Patrick. Impresionante, nunca la había visto tan llena. La mayoría éramos runners, ya que en el sermón se hizo referencia a que la cuestión era “to run or not to run”. Después, a encerrarnos en el hotel, con parada comunitaria en el super de enfrente para comprar la cena y el desayuno.

Sobre la carrera ya he escrito en el otro email. Mi conclusión es que me volví a deshidratar, y me dicen que las fotos que salen en la página de ING atestiguan lo mal que lo pasé en los últimos km. No pude rebajar ni un minuto las 4 horas, a pesar de los 435 euros por minuto que llevaba para Africa Directo.

Pero en cuanto acabé ya estaba pensando en el próximo reto. Mapoma 2.006!!! No sé quien dijo que lo importante en un maratón no es correrlo (siendo importante). Lo importante es prepararlo. En mi caso os puedo asegurar que además de importante ha sido divertido, y que además me ha permitido reforzar algunas amistades que tenía un tanto abandonadas y descubrir otras. Es difícil hacer buenos amigos a determinadas edades (no olvidemos el nombre de nuestro club), pero yo he tenido la suerte de ponerme a preparar maratones.

Una última frase para nuestras compañeras de viaje (estrictu sensu y en sentido figurado). Vaya lujo! Sois las mejores. Imagino que hablo por boca de todos, cuando digo que no podíamos estar más orgulloso en la carrera. Vaya subidón que me dio veros en la tercera milla y en la ocho. No sabéis lo que os buscaba en la 18. En la 24 me dio pena que me vierais en el estado en el que me encontraba. Una pena que no me hubieseis visto unos metros más allá, donde me vieron Rafa y Silvia (muchísimas gracias a los dos!!!), ya que había conseguido arrancar a correr otra vez.

Bueno, lo dicho al principio. MUCHISIMAS GRACIAS a todos mis compañeros de viaje, que sois todos los mencionados y alguno más que seguro me dejo por ahí. Muchísimas gracias también a todos los que os preocupasteis el domingo 6 de noviembre por un grupo de amigos que nos fuimos a hacer las américas.

Ojalá podamos seguir preparando carreras juntos. Y no olvidéis que la carrera reina son los maratones!!!

Mapoma 2005 (Cami)

Solo quiero expresaros algo de lo que siento. Siempre he pensado que hay gente buena y mala, pero la gente que corre toda es buena, creo que para correr hace falta tener una serie de valores que no los tiene cualquier persona:

No es fácil saber sufrir y luchar contra uno mismo. Mi padre siempre ha dicho que es muy fácil ser duro con los demás, pero solo es duro de verdad el que es capaz de serlo consigo mismo.
No es fácil sacrificarse sin ninguna obligación, solo alguien con el corazón grande es capaz de hacerlo.
No es fácil motivarse cuando uno esta sumido en la adversidad, solo alguien con inteligencia y templanza supera las adversidades.
No es fácil superarse y no abandonar en el empeño, solo alguien con inteligencia, tesón y disciplina es capaz de evolucionar y superarse.

OS quiero dar las gracias a todos por haberme permitido disfrutar de vuestra amistad más que de haber acabado el maratón, y porque este deporte me ha permitido fortalecer la amistad.

La verdad es que cuando empezamos con lo del Club, podía sonar a chocherías de viejos o de niños que no han madurado lo suficiente, pero para mi ha sido una de las experiencias más bonitas desde hace muchos años, en el que por encima de todo lo demás para mi ha ganado la amistad.
Espero de verdad que aunque solo sea por eso nadie lo abandone y que el año que viene nos veamos todos juntos repitiendo la experiencia y corriendo juntos en alguna otra ciudad.

Y como en el cine por orden de aparición os quiero decir:

A Carca: Enhorabuena, porque tu carrera, junto con la de Luis, es la que más mérito tiene, porque se lo competitivo que eres se que se te ha quedado muy mal sabor de boca, me paso a mi en la carrera del agua…Hay que valer mucho y ser muy bueno para quitarse muchos kilos de orgullo de encima y entrar en la meta el último, que lección, yo no se si hubiera sido capaz. Siempre he creido que un campeón se ve cuando pierde no cuando gana y has demostrado tener el coraje de un campeón.
Gracias Carcasona por habernos integrado a todos y sobre todo porque me encanta seguir corriendo contigo después de 26 años, pero no tanto por el ejercicio como por tu amistad de verdad, un privilegio.

A Ander: Que suerte teneis los que habéis nacido en Bilbao, deberías haber corrido en bañador para desmitificar esto de la maratón y que permitieran a monjitas ancianitas correrlo también.
Sabía que lo ibas a acabar sin problemas porque creo que es más importante la cabeza que las piernas y en esta vieja rivalidad que siempre nos ha enfrentado aquí públicamente me rindo y proclamo tu superioridad deportiva. Gracias por tu amistad es un honor tenerte entre mis amigos.

A Ignacio Bañón: Nunca me fallas, en todas las porras te meto en podium y siempre lo clavas. La verdad es que desde que te conocí en la despedida de soltero de Carca, me pareciste un tío de puta madre. Ha sido de los viajes más divertidos que he hecho, contigo y con Rafa. Me hubiera gustado tener la oportunidad de cultivar más tu amistad, porque creo que eres una de las personas más divertidas y por ello inteligentes que conozco, y supongo que el Running me da la oportunidad de hacerlo ahora.

A Luis: Tu carrera junto con la de Carca ha sido la de más mérito, creo que hay que tener una cabeza privilegiada y una determinación fuera de lo común para que después de caerte por un calambre acabaras no ya en 4:20´ sino simplemente que acabaras. Durante todos estos meses siempre he tenido la sensación que eras el que mejor estabas planificando los entrenos y me sentía idiota ver como tu mejorabas cada día y yo me estancaba, me lesionaba, me decía Cami eres gilipollas, eres subnormal picandote con Carca y acabaras jodido y mira Luis, como mejora debe pensar que eres tonto...
Me alegro un huevo de haberte conocido, Como dice Carca eres una de las mejores personas que he conocido y con una calidad humana acojonante, gracias también por tu amistad.

A Alejandro: Que pena que no hayas estado en forma este año para haber disputado carreras juntos. En Navafría menos mal que te entro el flato al principio, como decía Luis, porque venías precedido de una leyenda por la cual pensaba que me ibas a quitar el único triunfo absoluto de la temporada. Espero que te pongas en forma pronto y que el Club pueda contar su maratoniano más experimentado.
En la parte personal no te conozco tanto, pero doy mucha importancia a los valores que indico arriba y solo pensar que tienes cabeza para entrenar en el parque de Berlín me da vergüenza verme como un enano a tu lado.

A Jordi: Que lección, todavía no me lo ceo, de verdad que no daba un duro porque corrieras en Rótterdam, me sentía algo culpable por haber ido a correr la Cursa y haberos “forzado” a correr también. De lo que si estoy absolutamente seguro es que yo en tu caso hubiera abandonado, no hubiera ni siquiera intentado recuperarme, hubiera tirado la toalla, como dice Ander creo que hablo por mi y por todos mis compañeros creo que lo que has hecho es UNA GESTA CON MAYUSCULAS, Que huevos!!!!, OLE. Lo malo es que después de esto no hay excusas, si alguna vez me pasa algo parecido le dire al médico que falsifique el parte y ponga algo peor.
Aunque hemos tenido muy poco tiempo para conocernos, en este caso me vale lo de los amigos de mis amigos son mis amigos.

A Guillermo: Pues decirte que había puesto tu carrera como mi modelo, el espejo al que intentar imitar, Repasaba tu carrera varis veces para llegar como tu hasta al final decía si me aparece el hombre del mazo, que sea como a Guillermo, en los últimos 2 Km, y gracias a Dios me espero al otro lado de la meta. En Londres vas a parar el crono en una marca mucho mejor de lo que imaginas.
Lo dicho los amigos de mis amigos son mis amigos y así os considero desde que vinisteis a Madrid.

A Nacho: No sabía como corrías, porque solo he tenido la oportunidad de hacer un entreno contigo, pero tienes físico para hacer muy buenas marcas, así que espero disputar los próximos podiums contigo y alguno más. En la próxima que Carca acabe solo y tu te vienes pa´arriba
En lo personal insisto en lo de los amigos de mis amigos y espero que el Running fortalezca esa amistad.

A Manolo: Que tendrán estos andaluces que después de jartarse de fino y de juerga encima se marcan una maratón como si na y con más guasa que otra cosa.
Como decía alguno por ahí gracias por aportar esa dosis de humor que nos ha permitido echar unas risas entre tanto sufrimiento. Y lo mejor de todo que parece que te conocemos de toda la vida y ojala que siga siendo así.

Un abrazo a todos y viva el 40´S Running Club que nos ha permitido disfrutar de la amistad superando metas difíciles a base de esfuerzo y sacrificio.

La verdad es que me hacía ilusión poder llegar a escribir una crónica de mi primer maratón que aparte de contar mis experiencias para compartirlas con el resto de mis amigos del club, que sobre todo sirva como referencia tal y como ya hicieron otros antes, Alejandro, Jordi, Guillermo…para todos aquellos valientes, que quieran entrar en el ya mítico 40´S Running Club y correr su primer maratón bajo los colores del club.

También soy consciente de que mi crónica no puede ser una referencia objetiva, porque yo acabe sorprendentemente bien, pero si al menos me gustaría transmitir algo de lo que yo hice para no sufrir y si alguien cuando lea esto dentro de unos años y piense en los míticos fundadores del Club, le sirve para acabar su primera maratón en buen estado habré dado por cumplida la misión de está crónica.

A pesar de lo que leáis más adelante yo no me atrevo a desmitificar el maratón, es una prueba muy larga y dura y puede pasar cualquier cosa, está vez simplemente pienso que he tenido suerte y por eso le dejo a Ander, que seguro que lo hará en su crónica, su desmitificación, pero si me gustaría repetir que si se prepara bien y se controla en la carrera no hay que tenerle ningún miedo.

En primer lugar me gustaría incidir en los que para mí son los tres pilares básicos sobre los que debe plantearse la preparación de un maratón, y que son la base del entrenamiento que he llevado en los últimos meses y que me han permitido acabar en unas condiciones relativamente buenas y haber parado el crono en un tiempo muy bueno:

Rodar muchos kilómetros como por otro lado parece obvio.
Pero aún creo que es más importante incluso, tener una muy buena mentalización y determinación para comerte los 42.195, para ganarle la partida al maratón incluso antes de haberlo empezado.
Y finalmente creo que hay otro factor que es el que puede marcar un poco la diferencia ya que economiza mucho el esfuerzo que es la relación peso/potencia, 1 solo kilo encima durante 42Km, pesa muchísimo más que un kilo…, no se quien se había tomado la molestia de calcular los kilos de más que debían levantar las piernas en cada zancada si tus zapatillas pesasen 10 gramos más, y creo no exagerar si digo que eran más de 400 kilos en una maratón…

Sin remontarme a analizar un plan de entrenamiento, si quiero quitar los miedos que nos asaltan a todos y que son normales como consecuencia de que después de 16 semanas de entrenamiento especifico hayas sufrido alguna lesión muscular por sobrecarga de tantos kilómetros e intensidad, pero lo importante es el haber acostumbrado al cuerpo a correr muchos kilómetros y que aunque te hayas pasado una par de semanas en el dique seco, garantizo que apenas pierdes un 10%, incluso creo que es hasta bueno dar ese descanso al cuerpo.
Como dice mi fisio, diploma olímpico en 50Km marcha en Barcelona 92´, lo más importante del entrenamiento es el descanso.

Un momento de duda para mi han sido las dos últimas semanas previas al maratón, aquellas en las que empiezas a bajar los kilómetros de los rodajes y que por lo menos a mi me planteaban dudas y sensaciones un poco raras,

Por un lado desaparecieron todas las molestias que había tenido durante las últimas semanas, pero por otro cada vez que salía a correr me notaba las piernas muy cargadas, me notaba muy pesado, empezaba a dudar de que fuera bueno bajar tantos kilómetros… por ello decidí que había que transformar en positivo esas sensaciones, asumiendo que lo que me ocurría no era otra cosa que lo que la gente que sabe de esto dice de cómo debes llegar al día D, con las pilas cargadas a tope y eso se traduce en una sensación de piernas cargadas que notarás incluso el día de la carrera en los primeros kilómetros.

El día del maratón cuesta dormir y de hecho a todos se nos hicieron las tantas en la cama intentandolo, por eso es bueno echarse una siesta el día anterior y descansar y aburrirte en casa, tumbado en el sofá o en la cama dejar que pasen las horas despacio y tranquilo…

A las seis de la mañana, suena el despertador, que apago casi antes de que haya terminado de sonar el primer biiip, pienso que soy el primero en ponerme en pie y hago una inspiración profunda pensando que ya ha llegado la hora de la verdad y me levanto. No desayuno nunca antes de salir a correr, pero hoy es distinto son 42Km y lo único que me puede parar hoy es el desfallecimiento por quedarme sin combustible, es a lo único a lo que le tengo miedo, y me niego a que el hombre del mazo siquiera me roce, así que me planto delante del enésimo plato de espaguetis y la verdad me cuesta comerme la mitad, incluso me dan algunas arcadas, estoy saturado de pasta, así que voy a la nevera y engullo 4 ó 5 rebanadas de pan de molde integral y bebo medio litro de agua.

Ahora me toca enfrentarme con el baño, no quisiera tener que parar en carrera a…, no por nada porque ya me he visto en esa situación muchas veces, sino para no perder tiempo no por los 5 segundos que puedo perder en el hecho en si, sino porque quiero hacer un buen crono y cuando te ves en una de estas hasta que te decides finalmente a parar vas mucho tiempo mal y empiezan a invadirte las malas sensaciones. Prueba superada!!! Hasta tres veces, ahora estoy seguro que todo va a salir bien.

Cuando empiezo a vestirme no puedo evitar sentirme un poco como un torero en el ritual en que se ponen el traje, primero los pantalones, luego los calcetines, me los estiro muy bien una y otra vez, luego coloco el chip en la zapatilla, me las calzo y ato, me ajusto el pulsometro, me pongo vaselina en las ingles y pezones y por fin “la camiseta con el dorsal”, me miro en el espejo y la verdad es que doy miedo, me voy a merendar el maratón. Me pongo una segunda camiseta para combatir el fresco de la mañana, les doy un beso a los niños y a la calle que pasan a buscarme en cinco minutos…

Cuando llegamos a Cibeles, me despido de todos, les doy un abrazo con todo el sentimiento del que soy capaz y durante el que pienso que me gustaría transmitirles todo lo que hemos sufrido juntos estos meses y darles todo el ánimo para que tengan la fuerza necesaria en carrera, y me voy directo a ocupar la primera línea de salida, la verdad es que había imaginado este momento previo a la carrera un poco más emotivo y ceremonial, haber tenido tiempo para habernos abrazado y conjurado todos juntos…, pero soy un cagaprisas y tengo que salir en primera línea.

Esos casi 40 minutos que estoy de pie, en primera línea, pero rodeado de tanta gente desconocida, pienso en mis amigos que estarán más atrás, echando las últimas risas, soltando partos con los nervios de la salida, con esa risa floja, todos juntos, y yo aquí solo… Pienso en quien coño me manda a mi meterme tanta presión y en lugar de intentar hacer una buena marca no me quedo atrás con todos ellos y me lo paso bien en carrera. Miro hacia atrás y veo el globo de 3:30 a unos 70 metros más atrás y el de 4:00 todavía más allá, pienso que estarán por allí.

Me intento mentalizar de ir tranquilo, de hacer una media de 150 pulsaciones en la primera mitad de carrera, salvo en las subidas que me permitiré hasta 155P, luego hasta el Km30 subir a 155 ó 160P y del Km 35 hasta el final a lo que me den el corazón y las piernas. Al mismo tiempo riéndome solo recuerdo las palabras de Carca de “ir con el globo de 3:30 en plan conservador” o tirar por delante e intentar ritmo de 4:45´´, finalmente decido que mandará el pulsometro.

Otra de las grandes dudas que me asaltan y que todavía no he decidido como resolver es el tema de la hidratación, hace un buen día y probablemente se sude bastante, pero por otro lado yo no estoy acostumbrado a beber en carrera, finalmente creo que con buen criterio me decido a beber.

Me empiezan a entrar ganas de hacer un pipi, dudo si hacerlo allí mismo agachado como ya han hecho otro par de corredores, pero me da un poco de vergüenza, así que toca aguantar hasta que hayamos hecho 1 ó 2 km. Empiezan a saltar los de la Bripac, ya se acerca el pistoletazo de salida, 5, 4, 3,2, 1, a correr…

Como siempre la salida es rápida, no se como la gente puede empezar tan fuerte, siempre me entra un complejo en las salidas…, pienso que voy entrenado pero bueno hoy habrá unos 2.000 corredores que quedaran por delante de mi.

El primer kilómetro lo hago en 4:30´, es la primera vez que siento una sensación de alivio y me alegro de ir solo porque sino no quiero imaginar la bronca de todos estos….”Estas loco, lo importante es ir tranquilo al principio…” El segundo lo hago al mismo ritmo y así me permito parar a hacer pipi (13 segundos que me parece que no pasan nunca y que me adelanta todo el mundo, pero bueno aun me quedan otros 17´´ de margen para la media que quiero hacer).

Miro las pulsaciones y voy sobre las 155P y a buen ritmo ahora a esperar a pasar el Km 4 y estará mi padre esperando, de repente veo al padre de Ander andando Castellana abajo le saludo “Eh Jon…” y me grita animo, pero creo que no sabe ni a quien a saludado, bueno igualmente anima mucho…, más adelante veo a mi padre, le hago gestos con los brazos para que me vea y me da ánimos… sigo para arriba, ya estoy cerca de Cuzco, me acuerdo de la crónica de Alejandro en la que el iba con puntas de 155P, yo estoy casi en 160P, pero voy muy bien disfrutando de la subida, tranquilo.

Cuando llegamos arriba lo primero es bajar a 150P otra vez y en seguida el avituallamiento, cojo mi botellín de agua y lo exprimo como me dijo Miguel Ángel, el fisio, en lugar de beberlo, abro el gaznate y aprieto el botellín, efectivamente en 2 sorbos me he liquidado la botella. Espero que sea suficiente ya que en la crónica de Alejandro creo recordar que en cada avituallamiento el bebía el agua y acuarius…

Empiezo a sentir el agua como una pelota en el estomago, menos mal que vamos hacia abajo por Bravo Murillo y el esfuerzo es menor confío en que se me pase porque la sensación es muy incomoda, es más empiezo a tener ganas de echar la pota, la echaría y seguiría, pero me da vergüenza en el Km 6,5 ó 7 y vomitando… me voy a aguantar mientras pueda evitarlo pero como no estoy seguro me pongo a correr pegado a la acera por si tengo que vomitar no manchar a nadie...

Se me empieza a pasar las ganas de vomitar pero ya pienso que no queda mucho para el siguiente avituallamiento y me agobia un poco, no se que hacer, pero acabo cogiendo otra botellita, dos apretones y otra botellita para el cuerpo…, esta me sienta mejor, ya voy disfrutando sigo a 150P y voy muy sobrado, voy mirando al público de uno y otro lado y me entretengo mientras sigo corriendo.

Cuando veo a las chicas me anima muchísimo, aunque como ya esperaba están todas las familias, menos la mía…me da un poco de pena, pero la ovación de gala que me dan me anima a seguir a tope.

Al final bebí en todos los avituallamientos menos en el del Km. 15 y en el del Km 40. Creo que en el último en el que bebí fue en el de Virgen del Puerto, después de pasar por Príncipe Pío.

Bajo por Alcalá y sigo disfrutando de la carrera, increíble tengo que mirar el pulsometro cada poco para no pasarme me voy controlando bastante bien. Subo Serrano y al ritmo que voy tampoco me parece una subida fuerte, en la esquina con Juan Bravo veo a Miriam y la saludo, sigo, ahora la siguiente meta volante es Princesa donde estarán mis suegros.

Fuencarral sigue siendo para mi el punto más emotivo de la carrera, la calle se estrecha, los corredores nos ponemos en fila de a dos, se baja a buen ritmo y se empieza a oír “Carros de fuego” se me pone la piel de gallina y me emociono, en seguida la Puerta del Sol y la calle Mayor, todo el público animando es una inyección de adrenalina y te da un subidón…
Creo que he pasado la media en 1:42´, voy bien para bajar de 3:30´.

El Palacio Real, la última vez que corrí por aquí iba bastante cansado, hoy en cambio me encuentro sobrado, los turistas alucinan con tanta gente corriendo… que fiesta..,
Ahora Ventura Rodríguez, es la primera cuesta que noto un poco, pero también me anima porque por primera vez en carrera empiezo a pasar a otros corredores y al coronar estarán mis suegros, efectivamente allí están les hago gestos con los brazos y me ven, mi suegra me saluda y mi suegro se prepara para hacerme una buena foto, que buena idea es al único que se le ha ocurrido, corro con pose de campeón señalando con el índice al cielo que imagen para inmortalizar esta gesta (por la tarde me llama mi suegro para decirme que se le olvido el carrete…)

Ya de camino a la Universitaria decido que ya está bien y que hay que empezar a correr, subo 10RPM hasta 155-160P y empiezo a pasar a gente, desde aquí ya no me adelanto nadie más.
En la bajada de la universitaria me uno a una chica que llevaba buen ritmo pero tengo que pararme en el primer punto de asistencia a echarme reflex porque me ha entrado un dolor en la parte posterior de la rodilla, creo que es el famoso poplíteo, pero como no hay nada que no se quite con agua milagrosa o con reflex, sigo al mismo ritmo e intento alcanzar a esa chica otra vez, cosa que consigo 1Km más allá, bien, veo que voy fuerte y que ya en esta zona de la carrera soy el más fuerte y controlo el ritmo y al resto de corredores, ya muchos resoplan a mi alrededor, yo hago la prueba y puedo correr unas cuantas zancadas con la boca cerrada, respirando por la nariz.

Ahora a por la casa de campo, como decía Alejandro, si sales bien, estas en Neptuno seguro, creo que lo voy a conseguir y me vengo arriba, no se si son los estertores de la muerte, la euforia que te hace confiarte y bajar la guardia para que aparezca el hombre del mazo, pero recuerdo especialmente una frase de Alejandro que decía que en la Casa de Campo ya empezaba a pasar a gente que se quedaba andando, yo en cambio paso a los que van corriendo, me veo exultantemente fuerte, no creo que se atreva a aparecer el hombre del mazo, mejor que no lo intente sino quiere tener problemas…

Enfilamos la Ribera del Manzanares, y veo a una corredora del equipo de Vodafone, me propongo pasarla, cosa que consigo antes de enfilar el paseo de la Florida, ya estoy como en los éntrenos, poniéndome objetivos de corredores que van más adelante y no parar hasta pasarles…siempre me ha funcionado no se porque hoy no iba a ser igual, soy incorregible.

La llegada a Príncipe Pío, es emocionante, me recuerdan las etapas de los Alpes en el Tour de Francia, cuando se sube el Tourmalet o uno de los grandes, muchísima gente a los dos lados de la carretera, los corredores nos tenemos que poner en fila, nos dejan un pasillo muy estrecho, y yo sigo intentando pasar por la derecha a todo el que tengo por delante y la gente retrocede un paso para dejarme pasar y el efecto es como si hicieran la ola…
De pronto me gritan Camiroaga, era María y los niños, pero ya les había dejado atrás y por encima empiezo a oír Cami, Cami , miro para arriba y allí en la mitad de la plaza subidas a no se que están todas las demás… que borrachera!!!!.

En el paseo de la Emita del Santo me acuerdo de todos, de cuando repasamos el recorrido, aunque ahora llevamos unos cuantos kilómetros más estoy seguro que llegaran bien, cojo el Puente de San Isidro y a por el paseo de los Melancólicos, al final al girar hacia arriba para coger el Paseo Imperial se me dobla la pierna derecha y casi me caigo, me cuesta enderezar la pierna otra vez, y prosigo cojeando, espero no acabar como en la carrera del agua, estoy determinado a acabar y por debajo de 3:30´, como lo que noto es un dolor fuerte que no me deja acompañar bien el movimiento de la zancada, para superarlo intento imaginar que mi pierna está formada por dos rodamientos que tienen que engranar uno con otro y zancada a zancada va engranando, hasta que consigo superar la cojera.

En el paseo Imperial, veo a unos amigos tomando unas cañitas y unas patatas fritas, que provocación…, pero consigo superar la tentación y no sucumbo, sigo para arriba.

Mi objetivo desde el principio era llegar a Embajadores, Km 40 más o menos, después ya solo queda Acacias, que es el único tramo del maratón que me asustaba de verdad y donde pensaba que podía ser el sitio en que podría tener que andar, pero me noto muy fuerte y definitivamente el hombre del mazo no va aparecer, además aunque he parado en los creo que tres puestos desde la Universitaria a echarme Reflex sigo teniendo margen suficiente para bajar de 3:30´.

La subida de Acacias no me pareció tanto, era tal el efecto de ir pasando gente…, me veía como en esos video juegos de carreras de coches que había en los Billares cuando éramos jovencitos en los que el coche que conducías iba adelantado a otros que salían de algún sitio y que tenías que sortear, hasta que te pegabas la leche, pero esta vez no me la iba a pegar…

Ya enfilo la recta final voy todo lo rápido que puedo, paso a todo el mundo que está a tiro, creo que hice este último Km. sobre los 4´ y pienso en que voy a sentir cuando cruce la meta, euforia, orgullo, ganas de llorar…, y al final… lo único que me viene a la cabeza es Filípedes, el soldado griego que fue el primero en correr el maratón y pienso en rendirle homenaje por haber sido el primero en hacerlo y no haber sido capaz de superarlo.

Veo uno, dos, tres arcos, parece que no llega nunca la meta, veo el crono colgado del último arco y 3:24´ algo, aprieto un poco más, creo que he hecho 3:24´30´´ y nada más cruzar la meta, emulando a Filipides y pensando en mis amigos que vienen detrás, exclamo: “No os rindáis, hemos vencido”