Después de 4 laaaaargos meses de entrenar fuerte y luchar contra los elementos (léase lesiones del pie y haber sido estafado por un hijo de la gran puta que hace plantillas) llegó el ansiado fin de semana.
Mi planteamiento este año era sencillo; llegar, correr, triunfar y volver. En plan profesional.
Para ello había reservado billete de avión para el sábado previo por la mañana, así como una suitte con baño propio en la flamante posada “Can Carcasona”.
La posada disponía de servicio de chófer y a la hora prevista me recogían en la T4 para trasladarme a la comida de la pasta que se celebraba en casa de Luis y Miriam. Allí nos reuniríamos todos los participantes en la maratón del domingo, con sus familias, excepto la de Jordi, que optó por ir a relajarse al Parque Warner.
Después de engullir por enésima vez en la misma semana sendos platos de spaghetti, empezaron los primeros síntomas de nerviosismo en alguno de los participantes. Uno de ellos sacó la “to do list” y se dispuso ordenadamente a realizar las tareas que tocaban para esa tarde. Colocar el chip en las zapatillas, colgar el dorsal en la camiseta, y por supuesto seguir hidratándose de forma correcta.
Sobre las 19,00 horas, traslado a la posada para seguir descansando y cenar con la familia Español –Pons, previamente habiendo parado en el super más cercano a abastecernos de plátanos, Muesly y la cena, que por supuesto era pasta, esta vez tagliatelle con gulas, regadas con las mejores aguas minerales y los Aquarius a los mil gustos.
Sobre las 23,00 visionado fugaz del partido Barça – Cádiz, hasta que Samuel Etoo fallara el penalti.
Despertador a las 06,30. Ducha, y empezó el ritual que todo runner que se precie sigue al pie de la letra. Repaso de la indumentaria que utilizaría durante la carrera, como si la noche anterior no lo hubiera repasado un par de veces!! En fin, todo a punto, y en la posada, el desayuno era del tipo self service. Yogur, muesly, miel, plátano, aquarius y de postre tostada con miel. Pasó lo que tenía que pasar y que además no podía fallar. Después de tragarme esa mezcla explosiva, visita al sr. Roca, que se alargaría más de lo previsto.
07,50 horas: Recogimos a Cami en su casa y nos trasladamos a aparcar el coche en el garaje de la oficina de Luis. En el parking, últimos retoques de maquillaje. La vaselina corría que daba gusto. Unos se untaban los pies, otros las tetillas y otros…
09,00 horas: ya ubicados en la línea de salida y entre olor a sudor y linimento, observamos la habilidad de unos para miccionar dentro de una botella rodeados de diez mil tíos. Me dispuse a imitar esa rara costumbre y lo único que conseguí fueron unas gotas, ya que justo en ese momento en que piensas ‘’por fín, ya sale’’ la marea humana empujó fuerte hacía delante para colocarse en la línea de salida. Imaginaros la estampa, corriendo con la cosa dentro de una botella de plástico!!! Total, que botella al suelo, y puuummm!!! A correr, por delante 42 km’s.
L: Joder, voy muy alto de pulsaciones
G: Tranquilo, debe ser que hay un cruce entre tantos pulsímetros
L: Es que no es normal, no lo entiendo
G: Estás muy nervioso, es normal, tranquilo
Dos o tres kilómetros más adelante…
L: Este kilómetro está mal medido!
G: Debe ser tu podómetro que no mide bien, yo no me fío de estos aparatos
Estas fueron algunas de las conversaciones entre Luis y yo.
Íbamos pasando kilómetros al ritmo previsto, siempre con el preaviso de Luis (ojo subida, cuidado que vamos muy fuertes) De paso yo iba haciendo turismo por las calles de Madrid, aprovechando un paso subterráneo, primera meadita en carrera, acompañado de un tal Juan Carlos, que nos acompañó desde la salida.
Sobre el km 15 la familia de Luis, con Patricia, animando de forma espectacular.
Sobre el km 18 Adela, Susana y mi amiga Anita Carcasona, nos dan otro empujón de moral.
A partir de aquí Luis advirtió que empezaba en ese punto la maratón y dejamos de hablar para ir tirando milla tras milla. Sobre el paso por Ifema, empiezan a los primeros síntomas.
Sin dejar de correr me ponen Reflex en los gemelos, a ver si ese pinchazo se va de una vez. Luis también se queja de sus gemelos y Juan Carlos también se queja de su pierna.
Vamos apañados! Aprieto los dientes y sobre el km 31 empiezo a dejar atrás sin quererlo a Luis y Juan Carlos, aunque éste último me atrapa de nuevo, para volver a dejarlo unos metros más adelante.
A partir de ahí me doy cuenta que voy a ir solo hasta el final, si no aprietan un poco y voy tirando. Paso por el estadio de la Peineta, qué barrio más majo y que putas avenidas dónde desde la señal del último kilómetro puede divisarse el siguiente. Desalentador!
Por ahí aparece I. Bañón, al que tengo que advertir que soy yo el que está ahí. Eh!! Bañón, que soy yo!!! Me acompaña unos metros y me anima. Se queda para esperar a Luis y acompañarlo últimos km’s.
Empieza la cuenta atrás, y en una parte dónde el público deja un estrecho paso a los corredores, me entra un subidón de miedo y empiezo a apretar el ritmo. Joder, estoy más fresco que hace unos kilómetros y no sé si es el gel que me he tomado o es que la gente me pone. Me lo paso teta, los coches tocan el cláxon y muchos corredores insultan a la gorda del Hyundai rojo que no cesa de tocar la bocina. Hasta le tiran botellas de agua contra el coche. Me vuelvo a concentrar, y de repente una subida mortal de necesidad que nos lleva hasta la plaza de toros, dónde coronamos el alto de las Ventas.
Empezamos a bajar, según decían, pero mi sensación es que esa bajada no acaba de llegar. Ya no sé en qué km estamos y tengo que preguntar a otro corredor si hemos pasado el 40. La respuesta es afirmativa, por lo que pongo lo mejor de mí y me tiro en picado (por lo menos lo pienso). Por el camino saludo a un participante de Barcelona, socio de mi club de natación. Su hermano gemelo ha tirado más que él. Le adelanto y quedamos en vernos en la meta. Llega la última curva, entrada al Retiro, me da un verdadero subidón y un escalofrío me recorre el cuerpo.
Entro en la recta final buscando el ánimo de vuestras mujeres y de Cami, que doy por hecho que hace tres cuartos de hora que ha llegado. Como siempre, no veo a nadie, ni me ven. Cruzo la línea de meta con muna alegría enorme. Ha valido la pena todo el sufrimiento.
Bebo, bebo, y vuelvo a beber agua. En meta saludo a uno de los gemelos de Barcelona, pero me doy cuenta que no se trata del mismo tipo que he adelantado hace un rato. Son dos hermanos de lo más peculiar, corren con un pañuelo con la bandera americana en la cabeza y sin camiseta. ¿los visteis por allí?
Al rato llega Luis y nos reunimos con los finishers mientras tomamos unas cañas.
Joder, qué peso me he sacado de encima, de verdad os lo digo.
Dejándome ya de coñas, agradecer a todos vuestro compañerismo, empezando por Jordi, que me ha metido de alguna forma en todo este follón y en otros (léase triatlón) y que me acompaña en muchos entrenos y más competiciones, siguiendo por la familia Carcasona, que me ha acogido en su casa de forma maravillosa, continuando por Luis, que además de invitarme a comer en su casa me acompañó durante 31 km’s (la idea era ir juntos hasta el final, pero el maratón es el maratón y nunca se sabe lo que pasará al siguiente km), y finalizando por el resto de amigos, como ese Africano o Eritreo o lo que cojones sea, que se hace llamar “Cami” y que ha demostrado que es una bestia, y finalizando por Ignacio Bañón y Adela , que a pesar de no haberse inscrito en Mapoma, hicieron casi tantos kilómetros como el resto.
Eh!!! No me olvido de Ignacio Cepeda y Patricia, nuevos entre mi club de amigos.
Gracias a todos y recordad que en menos de un año, la cita es en Barcelona (4 marzo 2007)
Guillermo (03,46’,54”)
Mapoma 30 abril 2006
lunes, 29 de octubre de 2007
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